Movie: Don´t look up! / Película: ¡No mires arriba! (ni abajo, ni a los costados… mejor no mires del todo)

Ví hace poco la película “¡No mires arriba!” (“Don´t look up!” 2021, Director: Adam McKay). No pretendo ser crítico de cine y dejaré las formalidades a los que a eso se dedican. Como espectador, la recomiendo a cabalidad: es “trágicamente divertida” (o divertidamente trágica según juzgue el lector) y lo mantiene a uno inmerso en la historia, casi al filo del asiento de principio a fin. Esto es algo muy difícil de lograr con el tema de fondo de la cinta. Y es que ese tema de fondo – el “leitmotiv” si lo tienen a bien – no es difícil de digerir ni mucho de menos de presentar de una manera amigable al gran público. Ahí reside entonces el mayor aporte de esta obra.
De lo que estamos hablando es de la brillante manera en que se expone nuestra humana e infinita capacidad de auto-engañarnos, o parafraseando el título, de mirar para otro lado cuando las cosas no son de nuestro agrado. La trama presenta este fenómeno – esta falla fundamental en el razonamiento humano – a través de un chocante ejemplo (pun intended); como lo es el inminente impacto de un cometa que devastará al planeta entero a menos que se haga algo urgentemente. Los científicos y la gente racional se devanan los sesos y el hígado tratando de generar conciencia y acciones concretas para salvar al mundo, solo para ser boicoteados por políticos, fanáticos, empresarios corruptos y la sociedad en general. #dontlookup grita la gente en coro. No queremos ver, no queremos escuchar, no queremos saber. El rebaño de los “no-creyentes” se aglomera en torno a políticos devenidos en apóstoles-bufones, las redes sociales braman y los científicos y expertos son vilipendiados con el fútil ataque ad-hominem: como si tuvieran culpa alguna o algo se ganase con ello. Todo lo contrario: los sabios y los expertos solo están queriendo ayudar pero es más fácil “vender” como enemigo a un fulano que a una compleja calamidad. Gana entonces el “pensamiento mágico” (wishful thinking), el engaño colectivo, la fanaticada, la mentira reforzada de Goebbels hasta derivar en lobotomía social auto-inflingida. La tragicomedia no termina muy bien para nadie, sobra decir.
Si bien actualmente no tenemos (que sepamos) cometas o asteroides en trayectoria de colisión con la Tierra, hay otros eventos que ya nos están impactando o están próximas a hacerlo para los cuales simplemente nos hacernos de la vista gorda. ¿Cuáles? Para empezar, el cambio climático devasta ya al mundo, con incendios masivos en California y Australia, el derretimiento de la tundra en Siberia y de los polos y glaciares, el calentamiento de los océanos y el clima extremo a nivel mundial. Cada año es peor y la respuesta como especie se limita a compromisos “sin dientes” y discursos ridículos. No podemos dejar de mencionar la deforestación masiva, la extinción continua de especies, la alucinante contaminación de los océanos y la atmósfera. Pensemos en el menosprecio a los migrantes y en el sufrimiento de millones de personas y animales, mal alimentados, explotados, olvidados. Para colmo de males, la pandemia ha confirmado con un nuevo y clarísimo ejemplo como la ceguera política y la falta de gobernanza global lleva casi axiomáticamente a la “tragedia de los comunes”: el acaparamiento de las vacunas deriva en enormes desperdicios en los países ricos y en faltantes masivos en los estados pobres, lo que abona aún más el terreno para que surjan variantes del virus que dilatan la emergencia. Mientras tanto, el sistema político “vende humo” y promesas vacías y las grandes corporaciones y capitales se enfocan únicamente en lucrar. Como dice cierta cancioncilla, “nuestra sociedad, es un buen proyecto para el mal”.
Al final, lo trágico de todo esto es que, tarde o temprano, todos estos “cometas” terminarán por estrellarse en nuestras caras. Los hechos son los hechos aunque no nos gusten, aunque un Presidente diga que es “esto es solo una gripe”, aunque nieguen que el cambio climático exista, aunque vendan las redes sociales como algo inocuo que no requiere regulación, aunque nos digan que podemos deforestar impunemente porque “la Creación es nuestra”. De nada vale mirar para otro lado: el puñetazo de la verdad simplemente se estrellará dolorosamente en nuestra mejilla (y en la de nuestros hijos). Hoy, más que nunca, necesitamos coraje. Sí, coraje para alzar la mirada y ver a los problemas a los ojos, para aceptar la verdad aunque no nos guste; para entender que las crisis globales demandan necesariamente soluciones globales, para dejar de pensar en la próxima elección y comenzar a pensar en la próxima generación. Solo así saldremos de este trance… antes que se estrelle el siguiente cometa en nuestro patio trasero.
Un abrazo,
Fernando
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OPINION: Viaje a la Idiotez / Idiocy Trek

“Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis.”
Michel de Montaigne
Abran paso a los idiotas
He llegado a la triste conclusión de que, en promedio y como especie, nos estamos convirtiendo en una raza de idiotas. Idiotas redomados. Y espero que el uso del gerundio en la oración anterior sea aún lo correcto y no sea más apropiado el presente del verbo (entiéndase entonces la lapidaria sentencia de que ya somos una raza de estúpidos). Es mi parecer que este viaje a la idiotez no solo es un hecho sino que la velocidad del tren expreso a “tarado-landia” acelera a ojos vistas. La cantidad de idiotas, de sandeces y el grado de las mismas crecen de manera exponencial, contagiándose a un ritmo que hace palidecer al COVID-19. Esta es la más desoladora pandemia mundial, una con tasas de contagio y de enfermedad grave muy superiores a cualquier contraparte biológica conocida.
“El propósito de un escritor es evitar que la civilización se destruya a sí misma.”
Albert Camus
Hay muchos síntomas y causales, más postulo que todo este mierdero abreva de una única causa raíz, tan sencilla como retadora para efectos de implementar la tan urgente solución. Me refiero a nuestro insaciable apetito por consumir información (y sí, hay ínfulas de “dataísmo” en este diagnóstico, lo sé), pero a todas luces, lo que nos apetece como sociedad global es el equivalente a la comida chatarra: entre más estúpido y ligero el contenido, pues mejor. Supongo que esto facilita la “digestión” y permite a su vez consumir más idioteces que van creando un idiota aún más perfecto, capaz de procesar únicamente bobadas aún más increíbles en mayor volumen. Así es, estimado lector, estimada lectora, como dice el adagio de los informáticos, “basura entra, basura sale” y al precer lo que nos appetece es el volumen de información que consumimos y nos vale un comino la calidad de la misma. Es el equivalente a comer hamburguesas, papas fritas y gaseosa todo el tiempo que estamos despiertos. Imaginese usted el resultado fisiológico de esta gastronómica analogía… y extrapole al ámbito cognitivo los resultados. Esto explica los Q´Anon, las teorías de la conspiración, “La Tierra es plana”, los antivacunas, la popularidad de políticos capaces de causar derrames cerebrales con sus discursos y la adicción juvenil a los memes y bailecitos de TikTok.
“La estupidez real siempre vence a la inteligencia artificial.”
Terry Pratchett
“Algo huele mal en Dinamarca”.
Consideremos la educación de un niño durante la Inglaterra Victoriana. Aún considerando los bemoles del elitismo y clasismo de la época, mi punto es que había un marcadísimo énfasis en la lecto-escritura y la artimética; las cuales se debían dominar a cabalidad. Los menores también recibían clases de historia y geografía, y los libros a leer eran literatura de verdad. En el caso de las élites, esto incluía hasta los clásicos – la Ilíada y la Odisea – múltiples idiomas (incluyendo el latín) y el equivalente a la telenovela del pueblo del la época eran las obras de Dickens y similares, publicadas por capítulos semana a semana. Por otro lado, para informarse de eventos y noticias, pues estaban los diarios y nada más. Es decir, la cantidad de información era muchísimo menor… pero de mucha mayor calidad. Aún en mi pequeño país, con las inmensas limitaciones del momento, la calidad de la educación pública hace unos cincuenta o sesenta años era mucho mayor: lo poco que había era de primer orden. Traslademonos al presente y examinese nuestra realidad y la de nuestros jovenes. La información simplemente nos ahoga por abundante, pero la inmensa mayoría de nosotros se limita a las nefastas redes sociales para des-informarse (valga mencionar, ¡qué alegría la caída de Facebook este pasado 4 de octubre!), y los más de aquellos que aún tienen la “mala costumbre” de leer un libro se limitan a la literatura “light”: novelas de aventuras, el género fantástico y similares. De repente alguien lee la Biblia… ¡pero nada más! Es más, si quiere hacer un experimento, compare una revista “National Geographic” de hace unas tres o cuatro décadas con las de hoy en día. Hágalo y cuentenos a que conclusiones llega.
“Todos tienen derecho a su propia opinión pero no a sus propios hechos“
Daniel Patrick Moynihan
En resumen, ya nadie lee una novela clásica, por no hablar de no-ficción de calidad. Leer un buen libro se ha convertido en algo a lo que solo se puede describir como un “gusto adquirido para intelectuales” (sea lo que sea eso); una afición innecesaria y amarguísima para el gran público, un adorno para afectados. Lo mismo aplica para el gran arte. Irónicamente, nunca en la historia de la humanidad ha habido tanta disponibilidad, tanta accesibilidad y facilidad para leer un buen libro, disfrutar una buena película, admirar una hermosa pintura o escuchar una sinfonía. Es cuestión de un “click”. Pero claro, eso significaría esfuerzo, concentración, dedicación: es más fácil ver “youtubers” hablando de videojuegos o moda, escuchar reggaetón o leer culebrones de “vampiros enamorados”.
Una arista aún más preocupante del problema es que las generaciones más jovenes han sido expuestas al mencionado mierdero desde su más tierna infancia, lo cual significa que es lo que conocen, lo que entienden… y lo que gustan y admiran. Los niños ya ni siquiera ven caricaturas: se la pasan expuestos a “youtubers” haciendo estupideces sin diálogo y sin guión o trama alguna; sazonados con colores chilllantes, efectos especiales de segunda y soniditos estridentes. A mi me parece que esto es Idiotez 101. Pregunto – ¿qué estamos haciendo con nuestros hijos? ¿En qué se convertirán? ¿Qué clase de pensamiento crítico, de capacidad de concentración, de conocimientos tendrán; si todo lo que conocen es el lado más decadente, no, digámoslo sin ambages, más ESTÚPIDO (y en ocasiones oscuro) de los Netflix, Whatsapp, TikTok y YouTube? Es decir, ¿qué podemos esperar de una personita que tiene como ídolo, modelo o heroína a un tipo o tipa que se gana la vida haciendo muecas y payasadas por internet? ¿Qué será de la sociedad si el “teléfono” es cada vez más “inteligente”, sabe cada vez más de nosotros y la humanidad por su parte es cada vez más un colectivo de imbéciles? ¿Para dónde vamos?
“El problema con el mundo es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”
Bertrand Russell
Mi estúpida conclusión
Siendo así las cosas, creo que la única manera de salir de esta ciénaga nauseabunda de cretinos y necedades implica una doble medicina, y no sé cuál de las dos es más amarga y más difícil de implementar. En primer lugar, debemos disminuir la cantidad de información que consumimos. Si, muchísimo menos pantallas. Re-aprender a ir al inodoro sin el celular. Re-aprender a comer sin ver la TV… o al menos ver la TV sin mirar a la vez el celular. Aprender a no hacer nada, a aburrirnos, a olvidarnos de Whatsapp y del teléfono por ratos. Re-aprender a ser sin hacer y más importante aún, a ser sin consumir. Simplemente, ser.
Por otro lado, debemos a un tiempo mejorar la calidad de la información que consumimos. Leer un libro. Un libro de verdad. Y leerlo de cabo a rabo, pensando, estudiando, aprendiendo, persistiendo. Escuchar música clásica. Ir a un museo. No digo que no haya espacio para ligerezas y “fiesta” pero si solo se consume el equivalente a papas fritas digitales cada minuto de nuestro tiempo de vigilia… pues aviados estamos. ¿Como lograr lo anterior, como implementar estas “medicinas” para el gran público? No tengo la menor idea. Los recientes acontecimientos en torno al imperio del Sr. Zuckerberg dan alguna esperanza: creo que una estricta legislación para las redes sociales es un primer gran paso. Quizás (y ya estoy llegando a extremos utópicos) prohibir las redes sociales y algunas otras plataformas un par de días por semana sería una gran medida, para dejarnos ser siquiera por unas horas, para tener paz mental aunque sea por ratos. Soñar es gratis, ¿no? La alternativa es resignarnos al consumo masivo e ilimitado de idioteces por un colectivo de zombis hambrientos sin cerebro: una sindemia de idioteces y de idiotas adictos a la idiotez. Algo habrá que hacer entonces.
“Todos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda.”
Jean de la Fontaine
Por ahora, les deseo aburrimiento, moderación y sabiduría.
Un abrazo,
Fernando
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OVNIs, UFOs y blasfemias: “Tembláis acaso más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla” G. B.
No. No estamos solos. Porque la Verdad está allá Afuera.

Veinte de enero del año 1600. Era una mañana fría en Roma. Triste. Gris. Tras semanas de “juicio”, el Inquisidor que dirige el proceso, su Eminentísimo y Reverendísimo Señor Cardenal Roberto Bellarmine (dicho sea de paso, Santo canonizado y uno de los 36 Doctores de la Iglesia) dicta sentencia condenatoria, tras la declaración de herejía del Papa Clemente VIII, quien a todas luces conocía a la clemencia solo de nombre. Claro, porque tras la declaración de hereje, el colegio de Inquisidores de Bellarmine dicta pena de muerte para el fraile dominico Filippo Bruno (Iordanus Brunus Nolaus en latín), conocido para nosotros como Giordano Bruno. Y no cualquier muerte. El 17 de Febrero, fecha infame para la posteridad, fue llevado con la lengua atada hasta el sitio de su muerte. Fue luego colgado boca abajo, desnudo. Luego, con cristiana misericordia tras esa tortura, le prendieron fuego a la hoguera bajo su cabeza. “Poned la otra mejilla”. “Amaos los unos a los otros”. “El que esté libre de pecado”. Brillante ejercicio de citas bíblicas nos ilustra este pasaje histórico.
Pero bueno, más allá del dolorosísimo episodio quisiera rescatar ahora la razón por la cual fue quemado vivo Bruno. Lo hago en el contexto de la publicación del último reporte del Pentágono (pasado 25 de junio 2021) sobre avistamientos de los ahora conocidos como “UAPs”, antes llamados “UFOs” – OVNIs en castellano. Y es que la sospecha de que “no estamos solos” no hace más que acrecentarse. El reporte no es concluyente: no lo es en absoluto. Pero, de 144 avistamientos estudiados, solo se pudo explicar 1 evento. Repito: 1 de 144 casos (eso es menos del 1%). Cuando a esa estadística dura se suman las declaraciones de los pilotos de combate involucrados en algunos incidentes y las entrevistas realizadas a los investigadores por medios tan reputados como “The Washington Post” (les comparto el video abajo), hay sobrada evidencia para calificar al informe no ya de tímido sino de encubridor: “The Truth is out there”, decían por ahí. Es cierto: la Verdad está afuera. Lo confieso, coincido firmemente con la no digamos adelantada sino adivinatoria, profética vision del fraile Bruno. Sí, porque hace la bicoca de unos 430-450 años, este libre pensador se atrevió a apoyar el prinicipio Copernicano. Además, se dejó decir que el Universo es infinito y carece de centro. Y para rematar, y aunque Usted no me lo crea, dijo que las estrellas en el firmamento no eran otra cosa sino otros soles alrededor de los cuales podían haber planetas… y que esos planetas lejanos podían sustentar y contener la vida. “Una infinidad de mundos”. Hace más de cuatro siglos. Es para que se le erizen a uno los pelos… clarividencia pura.
Pensémoslo ahora con los datos que la ciencia ha aportado desde esos medievales tiempos. Sabemos que solo en la Vía Láctea, nuestra galaxia, hay algo así como 100 billones de estrellas (un estimado conservador), y además que es una galaxia “típica”. En el Universo visible, hay un aproximado burdo de 10 billones de galaxias. Los astrónomos llegan entonces a la conclusión de que hay algo así como 10.000.000.000.000.000.000.000 de estrellas. No vale la pena ni intentar leer ese número. Son diez sextillones de estrellas solo en el volumen actualmente observable del Universo. Es una cantidad incomprensiblemente grande: muchas, pero muchísimas más estrellas que granos de arena en todas las playas del mundo, nos decía Carl Sagan. Para rematar el argumento, en 1992 (¡es increíble lo reciente del descubrimiento)! se encontró el primer exoplaneta (primer planeta fuera del Sistema Solar). Hoy sabemos que hay al menos un planeta en promedio por estrella, y se descubren nuevas “Tierras” por decenas. Haga Usted entonces los números… las posibilidades son literalmente astronómicas. Pensar que estamos solos, maestros únicos, amos solitarios de la Creación, es por decir lo menos una inocentada. Más aún, creo que ese tipo de pensamiento abreva de la misma fuente que el geocentrismo: en la descabellada idea de que somos literalmente la medida y centro de todas las cosas. Es un enfoque puramente antropocéntrico. Digamoslo mejor, es egocéntrico, narcisista, ególatra. Una idea terriblemente conveniente para nosotros pues supedita al Universo entero – seres vivos, medio ambiente de la Tierra, el Cosmos – a nuestras ordenes e intereses. En el fondo, no hemos avanzado mucho desde los tiempos del Cardenal Bellarmine. Seguimos creyendo que “este asunto” tiene que ver con nosotros como especie – en el mejor de los casos, normalmente lo acotamos hasta al nivel de nacionalidades, religiones e ideologías. Es un enfoque infantil: es “mío” nada más y no lo vamos a compartir. Entonces, cuando alguien se atreve a pensar diferente, hoy como ayer, se quema en la pira de las redes sociales entre llamas de burla, carbones de odio y gritos de ignorancia. “Blasfemia. herejía, conjetura, charlatanería”, vociferan sin argumentos, datos, tolerancia ni respeto. En el fondo, es más bien una oda al aforismo aquel de “prohibido pensar”. Bueno, a todos esos inquisidores y dogmáticos modernos podemos citarles a Bruno, quién tras escuchar la sentencia de muerte, con socarrona sonrisa, ceño fruncido y gesto amenazante se atrevió a decirle a aquel cardenalicio jurado: “Maiori forsan cum timore sententiam in me fertis quam ego accipiam“. Sí, “Tembláis acaso más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla”. Porque aquello no era una sentencia… era la patente aceptación del miedo de aquellos jueces ante la Verdad y sobre todo, ante el poder del libre pensamiento.
Deseo cerrar este breve ensayo compartiendo mi opinión personal. Pienso que la mejor explicación para los increíbles fenómenos detectados aquí mismo en nuestra Tierra (véase testimonio en el video de arriba, un sólido ejemplo) son seres de algún otro sitio, los cuales nos visitan quizás desde hace milenios. Pienso además que aunque ese no fuera el caso (que aún no hayamos tenido “visitantes”, quiero decir), es iluso pensar que estamos solos en el Cosmos. Coincido asimismo con el Dr. Michio Kaku que haremos contacto posiblemente durante este siglo, siquiera fuese recibiendo señales remotas.
Finalmente, creo que la Historia de la Humanidad no es otra cosa sino un muy paulatino viaje a la Humildad, a reconocernos pequeños, muy pero pequeños… y sin embargo, absolutamente indispensables los unos para los otros, junto con el resto de la biosfera, como una sola familia que comparte esta tercera roca desde el Sol.
Larga Vida y Prosperidad,
Fernando
Caminar solito (reprimiendo el “instinto asesino”)

Algo me distrae en la ventana. Es un insecto. Una abeja, para ser más preciso. Se está dando obstinadamente de topes, buscando con desesperación escapar a través de una ventana cerrada. Imposible, no va a suceder. Estoy presenciando más bien una danza macabra. Zumba. Gira y vuelve a darse contra el cristal. “Estoy ocupado”, dice una voz interna. Intento ignorar al alado polizón. Otro tope más. Levanto la mirada. No. No tolero más esto. ¿La mato, para que no me “distraiga” más a mi, tan “importante” ser? Suena fácil. Conveniente. Y absolutamente egoísta. Una mueca me cruza el rostro, mitad arrepentimiento, mitad fatiga, mitad misericordia, mitad reflexión. Procedo a guardar el “vital” trabajo que estoy haciendo en la computadora. Estoy en pie ya. Me levanto y voy por un recipiente transparente. Luego de un par de intentos, con sumo cuidado de evitar una dolorosa picadura, logro atraparla. La pequeña abeja está cansada. Aún así, revolotea por ratos, luchando por su vida. Sí, suya por derecho propio y de nadie más. Salgo al jardín. Abro la pequeña y transparente prisión. La veo alejarse ligera con un casi imperceptible zumbido. Diríase que cantaba. No fue tan difícil el rescate. Me siento bien. Se hizo lo correcto.
Está en todos nosotros. Es la triste verdad. Es el “instinto asesino”. A mi entender, no es sino otra manifestación del venenoso ego. ¿Qué otra razón podría haber para, diríamos, dañar a una planta o matar a un insecto que no nos ha hecho ningun daño? Esta oscura fuerza se manifiesta además desde la más temprana infancia. Y puede degenerar en desastrosos extremos. Una cosa lleva a la otra. El fulano un día aplasta hormigas para luego pasar a lanzar gatos desde un balcón. De pronto ataca al prójimo, es ya un criminal.
Pero… podemos reprimirlo. Dominarlo. Domarlo. En palabras del irreverente de Andrés Calamaro, podemos “reprimir el asesino, delante de un mimo o de un clown… (…) “. Y es que está en nosotros escoger a cual de las dos voces queremos escuchar. Por mi parte, no quiero más pantallas por hoy. Creo que me dieron ganas de salir. Eso es. De salir a… a caminar solo. Ganas de caminar solito. De sentarme en un parque… y mirar a las palomas comer el pan que la gente les tira. Simplemente mirar. Sonreír. Ser. El tiempo es muy poco. Muy pero muy poco. A lo mejor… a lo mejor resulta mejor así.
Saludos, “locos”…
Fernando
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D-Day: Lessons from THE GREATEST Project of the XX Century

I recently finished Stephen E. Ambrose´s book “D-Day. The Climatic Battle of World War II”, a historical 600 pages masterpiece presenting the Allied perspective of what has been described as the most important day of the XX century. I also read “D-Day from German´s Eyes”, by Holger Eckhertz, which in turn provides insight from the much less publicized German perspective. After digesting both books and some interesting online documentaries (see some samples below), allow me to share with you, kind reader, some lessons learned from the Project Management perspective. And these are indeed lessons, worth to be stated, extracted from perhaps the most complex & crucial planning effort of modern times. Here we go:
Number 10: make the plan proportionate to the project.
D-Day was massive. No, I really mean it – epic, colossal, humongous, huge by all standards. Let´s check some figures: circa 160.000 Allied troops involved, storming nearly 60km of coast. Almost 7,000 ships and vessels of all type and about 2,400 aircraft; not counting gliders, tanks, trucks, jeeps and other vehicles. It is still the biggest amphibious operation of all times, a behemoth of a project. It has also one of the most bizarre Planning-to-Execution duration ratios, with about two years of Planning efforts vs a couple days of actual Execution. This context demanded a plan according to the situation. And what a plan was created. The level of granularity was astounding: massive hoax operations (“Operation Fortitude”), attack exercises and simulations, logistics to shelter, feed and train hundreds of thousands of individuals, intelligence efforts, en-masse fabrication efforts, weather analysis and forecast, enemy surveillance, attack itineraries planned to the minute and hundreds of other factors all meshed together into a gargantuan plan. Referring to solely the operation plan for his regiment, a colonel is recorded to have said “It was thicker than the biggest telephone book you have seen”. Yes, big & important projects demand big plans. Small projects usually do not demand such exercises, and then small improvements, routine changes, near-task sizes need easy stuff. The plan must raise to the need – that is the point.
Number 9: the plan is useless, still, planning is indispensable
On June 6, 1944 nearly everything that could go wrong for the Allied Forces went wrong. The weather was bad, affecting the actual approximation to the shore. Then, with the noticeable exception of the low-altitude B-26 “Marauders” aircraft, the most powerful air bombing (through B17s and other high altitude aircrafts) was a fiasco. The sky was cloudy, it was still dark and flying at 20,000 feet, pilots had no real idea of their precise location. Thousands of tons of explosives were wasted, destroying nothing but cattle and green fields. Another example? Rockets fired by the assaulting amphibious ships almost never hit the target. Then the gliders, supposed to provision thousands of tons of equipment and men failed miserably: The cause? Normandy´s hedgehogs were much higher and sturdy than English ones, making the landing a suicide. This sole factor almost caused the entire operation to jeopardize. The list goes on. Still, “In preparing for battle, I have always found plans are useless but planning is indispensable”. The author is no other but the Supreme Allied Commander himself, Dwight D. Eisenhower. This statement holds true: despite all these failures, the planning exercise made Operation Overlord a success at the end. Months of preparation created a level of awareness and perspective that allowed the troops to identify new factors and adapt as per the real circumstances. Take for example the mess made with the paratroopers. Very few men, less say regiments, landed were intended. Still, their knowledge of Normandy´s geography and their laser-focus on their goals allowed them to adapt, re-organize and cut Nazi´s supply lines. The plan can fail – but we must be aware of the circumstances.
Number 8: you need line-of-sight, you can´t control what you don´t measure
A not much-known detail about the attack is that the high command (Eisenhower, Bradley, Montgomery, Smith, etc.) and even medium rank officers were mostly blind on June 6th. The fact that the operation was launched before dawn, the bad weather and mostly the enormous amount of smoke, ashes and flying debris of all sizes & types made the coast line virtually invisible from the vessels. Tons of bombs from the bombers but mainly the ulterior navy attack with massive cannons (eg, 400mm and bigger) plus thousands of rockets launched from the lighter disembark vessels created a virtual curtain. Let me quote Ambrose book yet again: “It was most galling and depressing,” Commander W.J. Marshall of the destroyer Satterlee wrote in his action report, “to lie idly a few hundred yards off the beaches and watch our troops, tanks, landing boats, and motor vehicles being heavily shelled and not be able to fire a shot to help them just because we had no information as to what to shoot at and were unable to detect the source of enemy fire.” Furthermore, most of the primitive communication gear of the time broke up during the landing, allowing no communication from the troops at the beaches to the fleet – with some noticeable exceptions. At the end, the Navy played a primordial role, heavily bombing Nazi positions, but it took hours for decisions to be made, and for the required accuracy to be met. Let´s try by all means not to fire our cannons to invisible targets.
Number 7: don´t put all your eggs in the same basket
When I was reading the books, I came to the (general & raw) conclusion that D-Day success came mainly through a combination of plain brute force (massive numbers of everything) but mainly idiotic errors from the enemy. An idea struck my head: what if the invasion failed? What was “plan B” in case the Atlantic Wall couldn´t be breached? Well, as per historic records, there was no backup landing plan. Thus, the plan was to storm kilometers of coast, intending to make a breach somewhere and then work it from there. But the main backup was surprising: a nuclear bombing to Berlin was under consideration in case all efforts failed. Luckily, there was no need for that ultimate resource.
Number 6: don´t confuse a “how” with a “what”
Hitler, Roemmel and Co. made a supreme mistake when planning for the invasion: they – and particularly Roemmel – envisioned that the sole way to protect “Fortress Europe” (the propaganda name for the conquered Europe by the Nazis) was to construct literally a wall around it, particularly on the Atlantic coast close to the UK islands. This was a major mistake: it was Germany itself the one who proved that wars have changed forever. Fast mobility, logistics, blitzkrieg, aviation – those were the factors that had put Europe in their hands. Still, when taking a defensive position, they went back to WW I or even Middle Ages approaches, envision the Atlantic as a moat with a castle behind. If (and what an if that is) they would have put their energy not in pouring millions of tons of concrete right on the coast but in constructing more Panzers, more bridges, more secret fortifications the D-Day story could have been different. Moreover, the reconstruction of their air force would have been another good call, not to mention to station the bulk of their troops a little farther from the coast, beyond the Navy´s “columbiads”. Perhaps this would not have changed the end result of the war, but it would have altered the outcome of D-Day and provided them with time to improve and massively deploy their futuristic new weapons: V2 rockets and the impressive Messerschmitt Me 262 plus the Arado Ar 234, the first ever jet fighter and bomber. Those would have been true game changers. The lesson learned is evident: they needed to secure Europe, not to build a wall. Its a very different objective: never confuse a “how” with a “what”, with a final goal.
Number 5: there is no perfect timing – you have to take risks
On June 4th, 1944, Commander Eisenhower asked to the Supreme Headquarters Allied Expeditionary Force committee a question. He said: “Do you see any reason for not going Tuesday?”. Montgomery replied: “I would say – Go!”. Eisenhower continued walking, chin to the chest. “The question is… how long can you hang this operation on the end of a limb and let it hang there?”. Some minutes later, after more thought, he said: “I am quite positive that the order must be given”. The fleet was immediately deployed for the assault. He had to confirm again the attack next day as per the bad weather affecting the region. When reading the history, I just cant avoid feeling pity for the Supreme Commander. There was just so much at stake. It was perhaps the single most important decision of the century, and there were nothing but gray clouds around – literally and metaphorically. Will the weather get worse and sink the landing gear? Will the bombardment help enough the troops? How will the Nazis and their Panzer divisions react to the attack? Uncertainty was the word of the day. Still, a call had to be made, and he made the right one. Operation Overlord was too big and important to keep it on hold any longer. The troops were impatient and tired of the delay. Logistics were close to impossible. And each day the attack was delayed was an additional day granted for the Nazis to prepare their defenses. Risks have to be taken – calculated risks indeed, but calls and actions are a must.
Number 4: tools & tech help!
Have you heard about a Higgins boat? What about Hobart´s funnies? Well, these and many other were vehicles and gadgets crafted for that climatic day. A Higgins boat (more properly, an LCVP for Landing Craft, Vehicle and Personnel) was exactly that: a light landing vessel designed to ferry an entire platoon to the coast. Hobart´s funnies were tanks and similar powerful vehicles modified in crazy ways. There was the “Crocodile”, a tank with the cannon replaced with a massive flamethrower, the ARK, half tank, half bridge, the Crab, which had an enormous rotating cylinder on front with chains, designed to safely trigger mines. Then DD tanks (floating tanks – believe it or not) and many many other. These vehicles proved to be of true value to the troops, facilitating the excruciating task of seizing the beach. Technology helps indeed, when it is up to the task: right tool for the right job.
Number 3: adapt to survive
Reading the personal stories of the troops, it is utterly evident the level of a mess they were in. It is said that in war, each man fights its own battle, but this was never so true as in June 6th, 1944. Chaos was everywhere: paratroopers were dropped at night and got dispersed over kilometers. Tides sent troops and vehicles randomly. Enemy fire put everyone on cover. Air Force bombardment was a big fail. Still, the job was done, by adaptation means: agility at its best. The troops assembled under new leads (the close ones!), the available weapons were used, routes were changed, the brief available information was used to brilliant extremes. Teams were empowered and had the major goals clear, this allowed them to keep focused and save the day.
Number 2: use the right skills for the right job
A big factor in the success of the Allies was not only the general training of the troops, but the specialization in tasks: the assignment of the correct staff to the correct job. A good example was the exemplary performance of the 2nd Division Rangers to Omaha Beach – the 7th circle of hell during that day. These guys were the best of the best, and they proved their expertise and particularly, their motivation and stamina. These were volunteers, true patriots serving the free world while risking their lives at their own will. And they did the impossible: they climbed an almost vertical cliff under heavy fire and then secured the positions for the rest of the troops. This is in utmost contrast to the performance of the so-called Oost battalions: conscripts from all over Europe, men forced to work for the Axis cause. Most of them preferred to surrender at the first opportunity, and some even rebelled against the Germans. The lesson is clear: right skills for the right job, let´s devote the right time to allocate our resources to the tasks.
Number 1: TRUST – the troops are the ones who do the real job.
At the end, when the final “go” was given, and walking slowly toward his car after seeing the bombers depart, Supreme Commander Dwight D. Eisenhower simply said “Well, it´s on”. The interesting thing to notice is that, from the moment the orders to proceed with the assault were given, he was basically a spectator. He had empowered his Navy, Air Force and Army commanders, all through the line of command – to proceed as per their best criteria. He had led the planning effort, and made the final call. But it was now a matter of trust. Perhaps that is the most important lesson that we must learn: let the troops do their job – we got to trust them. Once the plan is ready, staff is trained, tools and systems are loaded, its on the tsoldiers, the technicians, the engineers, the developers, the staff – at the end, they are the ones doing the job. Tools, procedures, technology are good, but at the end people make things happen, they make the difference. Thus, TRUST.
“In any moment of decision, the best thing you can do is the right thing, the next best thing is the wrong thing, and the worst thing you can do is nothing.”
Theodore “Teddy” Roosevelt
To finish, a powerful “extra” lesson – and free of charge 🙂 Good ol´ Teddy Roosevelt, uncle of Franklin D. Roosevelt (coincidently, US President during most of WWII) put it in crystal-clear terms, as follows: “In any moment of decision, the best thing you can do is the right thing, the next best thing is the wrong thing, and the worst thing you can do is nothing.”. In other words, the worst decision is indecision. And that was if not the greatest perhaps the most evident mistake made by the Führer right after the beaches of Normandy were attacked. Believe it or not, after Hitler was debriefed about the situation, and having plenty of the powerful Panzer divisions – terror of the Allied forces all through the war – within hours of the invasion area in Normandy, he never ordered a counterattack. As a matter of fact, he had one of his infamous tantrums and then took a powerful sleep-pill, thus going for a long nap. No attack, no regroup, no location shift, no camouflaging, no preparation… not even a retreat. Nada. Why? Its inexplicable. Possibly he was hijacked by his emotions & temper (another lesson per-se!). What we can say now, nearly 80 years after, is that it he really blew it. Let´s learn from one of the major bloopers in war history: make your call – and make it on a timely basis; a mediocre resolution on due- time is better than a “perfect one” that comes late.
Good luck in your projects, or better-said, “V” for Victory as Churchill waved – cheers!
Fernando
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Internet de los Mocos (IoM)

Una perturbadora idea me persigue desde hace meses. Naturalmente, mi atención sobre este desagradable tema nació con esta agotadora pandemia. Que “fregado”, pero lo cierto es que vivimos en medio de una red global de la cual casi no tenemos conciencia: la Internet de los Mocos (IoM, ahora que está de moda ponerle acrónimo hasta a las texturas del aguacate). Así como lo oye: los humanos estamos conectados no solo por lazos genéticos, económicos, y sentimentales, sino que nuestras interacciones físicas implican además un vivo intercambio de babas. Es decir, una interfase “B2B” (baboso to baboso). Es francamente repulsivo, lo sé, pero no por ello deja de ser la más pura y pegajosa verdad. Cada vez que nos colocamos a menos de 2m de distancia, cada vez que no usamos una mascarilla, cada vez que nos tocamos, pues estamos intercambiando algo más que emociones e información:.. ¡ugh!
Diantres, es que en esta “internet de los mocos”, cada uno de nosotros actúa cual un “nodo” o “terminal” y nuestra burbuja social, ese núcleo familiar con el que convivimos funciona cual “clúster” o “racimo” donde estamos todos revueltos en una sola “sopa de babas”. Desde esta perspectiva las aglomeraciones de personas pueden actuar como verdaderos “hubs” de intercambio de gérmenes. Que le vamos a hacer, hay una correlación inversa entre lo “cool” o “encendida” de la fiesta y la higiene del evento. ¿Ejemplos? Fácil: entre más se llena la discoteca y más “prendido” el baile, pues mayor intercambio de sudores. Entre mejor el partido de futbol y más eufóricas las graderías, pues mayor la lluvia de babas: ¡goooool! Ni hablar de un concierto o un espectáculo masivo: nos une no solo la “vibra” y la energía, sino todo un ecosistema de fluidos, mucosidades y gérmenes… ¡Santos conciertos contagiosos, Batman! Desde esta perspectiva aquello de que una canción es “pegajosa” adquiere una connotación muy pero muy literal.. Deberíamos inventar entonces una nueva unidad de medición para este fluido asunto. Atención, Humanidad, escuchad atenta: postulo aquí y ahora un nuevo concepto, los “Mbps” (Mocos bandoleros por segundo); ¿qué tal?
Pensémoslo un momento: la relación de microorganismos vs células humanas en un adulto es de un asombroso 10 a 1: así es, nos llevan una ventaja asombrosa. Estos diminutos polizones tienen en promedio mucho menor volumen y masa que nuestras células, por lo que solo el 3% de nuestro peso corporal es reflejo de nuestros más cercanos acompañantes. Aún así, y para ponerle números al asunto, si Ud. pesa dígase unos 60 kilos (más o menos 132 libras), entonces es usted él o la feliz propietaria de aprox. 2 kilos (6 libras aprox.) de bichitos microscópicos de todo tipo: ¡felicidades! Que no se diga entonces que no contamos con nuestra propia audiencia; se equivoca Alejandro Sanz y toda la pléyade de poetas y cantantes: no existe aquello de “mi soledad y yo”, sino más bien “mi microbioma y yo”. Avisados estamos, afine bien en la ducha. Desde lo más íntimo de nuestro ser, nos acompañan trillones y trillones de cercanísimos amigos. La mayoría son inofensivos y más bien necesarios para el buen desempeño de las funciones corporales, pero los “chicos malos”, cabalgando sus mocosas motos pandilleras, han aprendido que estimulando reflejos como el estornudo, la tos y en general las secreciones de fluidos de nuestros cuerpos obtienen paquetes “todo incluido” para irse de viaje. Los peores de ellos son los recién llegados de otras especies y/o geografías, pues nuestro sistema inmunitario – el equivalente a nuestras fuerzas de defensa – aún no los conoce y no tiene las armas para combatirlos. Estos son los generadores de pandemias. El último de estos inmigrantes que cruzaron sin visa ni pasaporte la frontera de las especies es el virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad Covid-19. Ya ven, estos bichos son los originales “mojados” (nunca mejor usado el término).
Este intercambio de mocos y gérmenes, como apuntó el genial Orson Welles en “Guerra de los Mundos”, ha estado con nosotros, o por mejor decir, con la vida animal sobre la Tierra, por eones. Me pregunto entonces si nuestros pensamientos, ideas y sentimientos son íntegramente los nuestros y no el reflejo de la sutil insinuación de lo que los ejércitos que nos acompañan nos susurra quietamente. ¿Nos habrán “hackeado” ya hace tiempo? Tal vez lo que le vemos de atractivo al chico o chica en cuestión va más allá de figuras y feromonas. De pronto y tenemos un coro de “firmicutas“, “actinobacterias“, “ciadosporiums“, “lactobacilus” y otros miles de románticos secuestradores diciéndonos al oído “Mira pues, que guapa está, no? Mira que clase de microbiomas tiene!” “Que tipo más atractivo, que clase de triponema tendrá…” “Anímate pues, lactobacilo mata galán”…. No en vano una buena salud va de la mano de que los “chicos buenos” estén también contentos: pregúntele a cualquiera que se le haya pasado la mano con los antibióticos, por no mencionar los estragos que puede ocasionar una fuerte diarrea a la tan elegantemente etiquetada “flora intestinal”: considerando el aroma del jardín en cuestión, lo de licencia poética se queda muy pero muy corta.
Ahora bien, el fatídico 2020 nos enseñó que necesitamos establecer un sistema de “firewalls” (“cortafuegos” o “diques”) que nos permitan controlar y de alguna manera, detener o al menos ralentizar el intercambio de babas en tiempos de pandemia (bajar el “Mbps”, según nuestra nueva y húmeda definición). Concluyo además que convertise en un germofóbico no es la solución. Cortar de raíz nuestra conexión con la “internet de los mocos” no es una buena idea. Vivimos en simbiosis con estos canallas, nos necesitamos los unos a los otros y nuestro sistema inmunitario seguramente nos daría un “golpe de Estado” a falta de enemigos externos donde quemar pólvora y ansias . Sin embargo, una versión moderada de estas medidas de protección en donde priven los protocolos de lavado de mano, la desinfección de algunas superficies y similares deberían convertirse en un nuevo estándar, una nueva normalidad. En un mundo con cerca de 8.000 millones de babosos hiperconectado por vuelos transatlánticos, zumbando con autopistas y trenes de alta velocidad, bailando en cerrados cruceros, gritando con delirantes eventos masivos sumado a la invasión y destrucción de nichos ecológicos y un larguísimo etcétera de otras lindezas; pues tenemos que mitigar de alguna manera el aumento del riesgo que todo este jaleo implica.
¡Vamos, que hemos sido unos grandes cochinos: sigamos lavándonos las manos mis amigos!
Un higiénico saludo,
Fernando
Fuentes: NIH Human Microbiome Project defines normal bacterial makeup of the body
WHO: Naming the coronavirus disease (COVID-19) and the virus that causes it
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Escapando de la cárcel del Egoísmo

Introducción
He tenido una idea. Vaya, vaya, me dirán, ya era hora. Supongo que no será muy novedosa pero en lo que me permiten captar mis limitadas entendederas, su directa y clara exposición sí aporta valor. Al menos facilita un nuevo punto de vista y eso ya es algo, especialmente ahora que estamos iniciando un nuevo y ya probadamente agreste año (la toma del Capitolio estadounidense es solo una muestra de lo que se avecina). Sin más dilaciones, mi idea es que la Historia – sí, con mayúscula, pues me refiero a la Historia de Todos, la Historia de la Humanidad – no es sino un Escape. Así es, un escape de una cárcel muy particular, pues en esa cárcel somos simultáneamente prisioneros y carceleros. Es la Cárcel del Egoísmo, antigua como la Humanidad misma, la más severa de las prisiones.
Ying y Yang
Comienzo por decir que la lucha individual y personal contra el egoísmo está suficientemente diseccionada – un excelente ejemplo es el libro “Ego is the Enemy”, por Ryan Holiday (lo recomiendo encarecidamente, así como las otras obras del mencionado autor). Más mi perspectiva en este pequeño ensayo es que la Historia de Todos puede ser también comprendida como un esfuerzo grupal para escapar del Egoísmo. Es una odisea conjunta a través del tiempo y el espacio, a través de geografías y generaciones. Es un viaje construido a traves del agregado de nuestras decisiones individuales – las elecciones políticas son el ejemplo más obvio y quizás el más importante. Y es que nuestras decisiones gravitan siempre entre dos polos diametralmente opuestos. A saber, el primero apuntando únicamente a acaparar, monopolizar, acumular. Es la fuerza del “Yo”, ciega al exterior y al Prójimo, en toda la magnitud de esta palabra. En diametral oposición, nos hala la fuerza del “Nosotros”. Es lo que nos impele a buscar puntos en comun, a la tolerancia y la empatía. Es ese magnetismo que nos atrae hacia los demás, hacia afuera, a ponernos en los zapatos ajenos. Y así gravitan nuestras vidas, danzando atraída por estas dos fuerzas, Ying y Yang del Espiritu Humano.
La Historia como un Agregado
Ahora bien, el balance neto de nuestros actos como Humanidad es lo que construye la gran línea de tiempo que caracteriza nuestro andar como especie. Postulo que la Historia puede interpretarse como la lucha colectiva por alcanzar una masa crítica de consciencia (o quizás de inconsciencia) global que nos permita comprender lo anteriormente expuesto: nuestro futuro es uno y uno solo: al final, no existen los “demás”. Lamentablemente, la travesía no es lineal ni mucho menos y avanzamos con pasos temblorosos las veces, reculando en ocasiones, cayendo en largas pausas en otras. Esa es la Historia, una amalgama de Guerra y Acuerdo, de Nacionalismo y Apertura, de Enfrentamiento y Cooperación, de Conflicto y Abrazo. Sin embargo, tengo la convicción de que con todo y todo, la tendencia general es positiva y algún día esa masa crítica de empatía global se alcanzará. Esta masa crítica de consciencia como Humanidad sería entonces el equivalente humanista, léase no teológico ni cosmológico, al Punto Omega que expusiera Teilhard de Chardin en su ambiciosa obra. Sobrevendrá entonces una etapa de prosperidad y paz, no solo para nosotros, sino para el planeta.
Conclusión(es)
No me cabe duda, amigo lector: la Nuestra es una ardua odisea que nos aleja tortuosamente de la prisión del Egoísmo. Al elevarnos al nivel de “ojo de pájaro”, los “Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza” que acuñaba Steven Pinker van ganando la batalla. Es nuestro deber ayudarles: todo aquello que “huela” a imponer el “Yo” y lo que este crea, supone o representa – llámese Nacionalismo, Fascismo, Racismo, Xenofobia debe ser rechazado. Patriarcado, Misoginia, Etnocentrismo, Chauvinismo, Discriminación. Antropocentrismo, Prejuicio, Estereotipado, Plutocracia, Nepotismo, Clasismo. Clientelismo, Dogmatismo, Feudalismo, Corrupción, Homofobia. Todo eso debe ser repelido individual y socialmente. Todas esas ideologías y aberraciones abrevan de una mismo cenagal llamado Egoísmo. No son sino manifestaciones sociales de la misma reconcentración en el “Yo”. ¿Qué es el Nacionalismo sino un coro de “YO soy de este lugar y usted no”? ¿Qué es el Racismo sino un coro de “YO soy de este color y usted no”? ¿Qué es es la Homobia sino un coro de “YO tengo este gusto sexual y usted no”? ¿Qué es el Clasismo sino un coro de “YO tengo tanto capital y usted no”?
No quiero dejar de destacar de entre la lista de los mencionados descarríos al Antropocentrismo, por su naturaleza sutil y eterea. Porque esta absurda creencia, esta ingenua idea de que por alguna feliz coincidencia (para nosotros los humanos, por supuesto) somos los únicos dignos de atención moral y la medida de todas las cosas, dueños y señores de la creación es simplemente nefasta. Podemos repetir la fórmula anterior para evidenciar la farsa: ¿Qué es el Antropocentrismo sino un corto de “YO soy humano y ustedes no”? Supuestamente, somos dignos de hacer y deshacer a nuestro placer: una de las más calamitosas manifestaciones de ese Egoísmo: el Cambio Climático y el Maltrato Animal son solo dos ejemplos de sus consecuencias. El empoderamiento que esta idea recibe a través de diferentes corrientes religiosas – el judeocristianismo en particular – la hace aún más peligrosa: es casi un supuesto, un “hecho juzgado”, un cimiento de arenas movedizas donde hemos construido toda una catedral de ulteriores sandeces.
Pero bueno, para cerrar con una nota más positiva, reitero lo ya afirmado: el balance neto, la tendencia generación a generación, es positiva. Este es un nuevo año y la pandemia que asola al mundo cederá pronto. Ayudemos con lo que está dentro de nuestro limitado círculo de influencia para que triunfe la empatía, la solidaridad y la fraternidad. Amigos, aceleremos la huida de la prisión del egoísmo.
Un abrazo,
Fernando
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No, a year is not equivalent to 365 days (that is, project-wise).

I hope that through the title I already have your attention: it´s a bold statement, I know. Still, my point is not driven from a post holidays´ bad hangover or an astronomical delusion. Because yes, the 2021 gregorian calendar has 360 days to go (five gone by now), but this is more sort of a reminder, a call for awareness for decision makers, namely C-Suite, Executives, Managers, PMs etc. now that we are opening the 2021 cycle. In the following paragraphs I´ll explain myself, so bear with me.
For starters, unless your projects run in the same way as your operations (24×7), we are tricking ourselves from the very beginning of our planning exercise: most of us have a deep, almost subconscious assumption (sort of a collective verbal agreement) that concurs that the project has 365 days per year to exploit. Well, that is normally not the case. Let´s start with the ends, I mean the weekends. I have done some research (my data sources are Wikipedia and ourworldindata.org) and assuming Saturdays and Sundays are off and 52 weeks per year in average, then we got 104 days less. After adding the average number of paid holidays (11 is a rounded average worldwide, 13 is the mode), the result is that we loose about 34% of the year calendar days due to weekends and holidays. That leaves us with approx. 240 days to go. Still, if we examine this count from a realistic perspective, we must consider that the last weeks of the year are quite low productive, as the first one usually is. So I dare to say that the real result of this initial filtering exercise leaves us with about 230 or 225 days to produce whatever deliverables are expected. But wait, there is more…
The aforementioned 225 available days need to have paid vacations deducted as well. Now, leave-time varies a lot across countries & legislations. Let´s again use statistics as our allies: world average paid-day vacations based on a five-days work week is 16, and the mode is 20 (source: Wikipedia, these final aggregated numbers were calculated by Fernando). So now we are down to about 205 days to work. Is this the magic number? No, there is always a catch
The 205 days are also a mirage: this number is not accounting for sick, grief and other type of leaves, not to mention travelling days if your endeavor implies such needs. So at the end, I believe we have circa 200 days to go per individual, per calendar year. For the sake of keeping it short & sweet, I am not going in detail about historical trends on leave days. Let´s just mention that diminishing working hours is a historical fact and that 4 days work week is one of the big topics of our time: “experiments” on this idea are happening as we speak. All that being said, and for the peace of your minds, the translation of the work days into work hours provides some relief, especially now that work-from-home is ubiquitous and extended working hours are a new normality: to what extent this simultaneous trend counters/balances the day availability reduction is yet to be assessed as the post-COVID era matures.
As a conclusion, I want to leave you with three ideas in mind: first, if your projects run on a 5 work days week basis, you have in fact about 200 work days per year to go (in other words, you loose 45% upfront!). Secondly, if time is of the essence (and according to my experience, it always is) we should consider for budget to work during Saturdays and/or double or triple shifts and/or a follow-the-sun tactic. A buffer for delays should be embedded into the plan as well. And then last but not least: at the end, our results depend not so much on calendars but on productivity. The point is simple: one truly devoted, focused hour – not to mention a day of undivided attention – produces more relevant outcomes than hours of “multitasking” and mediocre efforts. So let´s strive to be human and deal with one thing at a time – the correct one, the current priority – with all our capabilities and skill in this brand new 2021.
My sincere best wishes to you and your kin, may this new cycle around our star be more productive, focused, happy and healthy for all Humankind.
Fernando
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Gracias, Diego.
“Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha.” – Diego Armando Maradona

Te voy a contar algo, Diego. Primero que todo, debo confesarte que no soy argentino, soy tico, bueno, costarricense para usar un término que entenderás mejor, por lo que debería estar más bien molesto contigo: no estuvo bien eso que dijiste de la “Sele” en el 2016. Así que ya ves, no solo nos separa la nacionalidad, sino que nos hiciste seria afrenta. Pero bueno, cosa pasada; disculpa aceptada. Porque lo que quiero de verdad decirte es una sencilla palabra, una sola. Hay tantas y tantas otras que podrían decirse, pero quiero resumirlo en una sola. Porque… cuando yo era solo un niño, solo un “pibe” dirías, me enseñaste a vibrar de verdad con el deporte. Me enseñaste que lo más terrenal (patear un balón) se vuelve divino cuando el alma y el talento se juntan con la pasión. Tendría yo quizás unos diez años. Aún puedo recordarlo. Mis ojos simplemente no podían creerlo… ¿cómo podía alguien hacer eso con una pelota? ¿Era posible que nadie pudiera detenerlo? ¿Existían de verdad los héroes? ¿Era así como luchaba Aquiles? ¿Era así que derribaba gigantes Hércules? ¿Era posible hacer eso? Aún me estremezco al recordar…
Me enseñaste también que se besa el escudo de la patria y que hay luchas que trascienden lo “mío” en función de lo “nuestro”. Me enseñaste que a veces hay que gritarle al mundo de frente, como tú lo hiciste a través de aquella cámara. Me enseñaste que la rebeldía y el genio pueden convivir… y muchas veces son dos caras de la misma moneda. Me enseñaste a llorar de emoción.
Y te cuento algo más: tus millares de detractores, esos que se la han pasado antes y ahora señalando tus faltas y errores, esos son los que te brindan el último y mayor homenaje. Esa gente que tanto se empecina en mostrar tus constantes cuitas, tus yerros y torpezas, esos solo realzan el nivel de tu grandeza. Porque Diego, como te cantan aún en Nápoles, tu segunda patria, vos sí que eras uno de los nuestros. Boquiflojo, vicioso, mujeriego. Bohemio, embustero, andariego. Indolente, inconsecuente, impulsivo. Pasional, fogoso, satírico. Humano a carta cabal, con un menú de falencias y trastadas para llenar varias vidas. Y a pesar de todo eso, Diego, fuiste quien eras y te vas el que sos. Como dicen por tu amada patria, te “bancaste” tus errores, cometidos ante los ojos del mundo en tu calidad de figura pública universal. Porque… ¡qué fácil es juzgar! ¿Por qué estamos siempre tan prestos para el odio y el rencor? Qué fácil es esconderse detrás de un teclado, en la fetidez convulsa de una red social, en un meme o en la sorna del chiste de cantina. Esos agudos críticos, cristianos solo de título, ellos tienen el lujo de la privacidad y el anonimato. Tu lado oscuro estaba completamente expuesto, tus errores eran noticia. Aquí seguimos nosotros, pusilánimes, escondiendo día a día los nuestros. Diego, tu nunca pudiste ser normal: desde que eras un adolescente, nunca tuviste derecho siquiera a un café sin el acoso feroz de periodistas, paparazzis y fanáticos. Saltaste en un instante de la más abyecta pobreza a la fama y el dinero. Al menos yo, sinceramente, no lo hubiera hecho mejor. No te juzgo. Inclusive, me conduele esa faceta de tu vida. En fin, Diego amigo, no te apures: esos cobardes, su odio y sus sornas se irán apagando poco a poco, para verdades el tiempo. Tu recuerdo en la cancha, ese es eterno.
Caramba, cuantos amagues he hecho y aún no te lo he dicho, una vez más me has inspirado en la gambeta. Mejor lo hago ahora antes que vuelva a olvidarlo, porque la emoción es fuerte. Quería simplemente decirte algo. Y es que eres la encarnación más humana de los cuentos de hadas, la mixtura del pantano y del Olimpo, lo que todos llevamos por dentro. Hay un viejísimo video de tu infancia – te están entrevistando, la historia no miente – lo dijiste, Diego, y eras solo un “cebollita”. Dijiste: “Mis sueños son dos. Mi primer sueño es jugar en el Mundial. Mi segundo sueño es salir campeón”. Diego, eres un privilegiado, alguien que cumplió su mayor deseo, ese sueño eterno de la infancia que no se le cumple al resto de los mortales. Y a través de tu proeza, nos hiciste campeones a todos contigo. Todos los que te vimos jugar alzamos contigo la anhelada Copa.
Bueno, esa fue la última finta – aquí va ya el zurdazo final: por todo eso y más, yo quería simplemente decirte “gracias”, Diego.
Chau.
Fernando
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Y sin embargo, se mueve.

1611. Florencia. Las autoridades eclesiásticas de la época – obispos, prelados y cardenales – se niegan obstinadamente a observar los cielos con el nuevo telescopio construido por Galileo Galiei. Se entiende tal cosa como una tentación del maligno, pues podrían observar con sus propios ojos algo que contradice los cánones de la época… ¡la Tierra no es el centro del Universo! ¡Sacrilegio!
1636. Ámsterdam. Estalla la así llamada “burbuja de los tulipanes”. Durante los meses anteriores, el precio de estas flores creció artificialmente en el mercado hasta niveles absurdos, dándose casos en los cuales hubo personas dispuestas a intercambiar casas y propiedades a cambio de unos cuantas tulipanes. La “fiebre” terminó en un violento estallido financiero, dejando a cientos con solo unos pétalos en la mano. Es quizás el caso más florido de burbuja financiera de la historia.
1882. Londres. Arrecia todo un carnaval de parodias, ataques y burlas en contra de Darwin y su teoría de la evolución. Los argumentos y evidencias presentados con la teoría son descartados ad portas.
1925. Tennessee. Se desarrolla el juicio asociada al “Acta Butler”: grupos fundamentalistas rechazan de nuevo la evolución y argumentan, entre otras cosas, que los fósiles no demuestran la evolución de las especies a cabalidad, y en algunos casos, que son creaciones del demonio, engaños destinados a confundir al hombre y destruir su fe. El debate continúa aún… a pesar de la evidencia científica que comprueba con hechos los millones de años de edad de la Tierra, el “cálculo bíblico” es lo único válido para tales grupos.
2002. Nueva York. La burbuja financiera asociada a las acciones de las empresas “.com” estalla, llevando a la quiebra a miles. El pensamiento de la época asociaba un valor extraordinario a cualquier empresa, siempre y cuando tuviera una presencia en internet, especialmente representada por nombres – “dominios” en el argot de la industria – terminados en “.com”.
2016. Miami. A pesar de que el calentamiento global aumenta año a año el nivel de los océanos y el embate de los huracanes y tormentas se intensifica en cantidad e intensidad, la mayoría de los electores lo ignora o se ciega ante la evidencia y opta por un candidato que niega a cabalidad los hechos… en una ciudad costera en plena ruta de los ciclones tropicales.
2017. San Francisco, California. El millonario e inventor Elon Musk pregunta a la “Flat Earth Society” a través de Twitter por qué no existe una sociedad semejante para el planeta Marte. La mencionada organización responde que, “a diferencia de la Tierra, Marte ha sido observado y es un planeta redondo”.
Noviembre 2020. New York. Una multitud se aglomera en torno a los estudios de la cadena conservadora FOX, protestando por los resultados desplegados sobre la elección presidencial en ese país, sintiéndose casi “traicionados” por un medio en el cual “confiaban”.
Noviembre 2020. Escazú. Como ya están “aburridos” de la pandemia y con la creencia de que “a mí no me va a pasar”, jóvenes y nos tan jóvenes comienzan a aglomerarse en bares y fiestas privadas, desencadenando nuevos focos de infección que terminan cobrando trágicamente centenares de vidas en sus grupos familiares.
Los anteriores son solo algunas muestras de la increíble capacidad del ser humano de auto-engañarse. Son ejemplos de “pensamiento mágico”, instancias en donde abandonamos – con mayor o menor grado de conciencia – los dictados de la lógica y la razón. Mandan entonces las emociones, las cuales son muy útiles para una noche de amigos o para el disfrute en pareja, pero son pésimas consejeras para tomar decisiones financieras, adoptar posturas políticas o llegar a conclusiones científicas. Curiosamente, en la mayoría de los casos, en nuestro fuero interno sabemos que hay algo incorrecto en nuestra decisión, que los números no “cierran”, que algo “huele mal”; más nos hacemos de la vista gorda. Entonces, de la mano de la euforia, de la cólera o de los dictados de la manada a la cual pertenecemos, saltamos alegremente al vacío…
Por supuesto, el problema es que toda decisión conlleva consecuencias, ya sean buenas o malas. Y cuando nos engañamos a nosotros mismos sobrevienen las quiebras, las estafas, las trabas y en temas como el cambio climático, riesgos a escala planetaria. Lamentablemente y parafraseando a cierto personaje, si de algo se puede estar seguro es de la infinita estupidez del ser humano.
Ahora bien, nadie está exento de cometer un error y ser arrastrado por las emociones, por lo cual es valioso también recordar que entre más importante es una decisión, más reflexión debería dársele. Se vale también admitir con humildad los errores cometidos a la luz de nueva información. Hay que tomar un respiro, hay que ver la evidencia, sopesar las fuentes, balancear los pros y los contras, revisar los números “duros”. Y es que, amable lector, aunque no me guste lo que estoy viendo, al final la realidad terminará siempre estallándome en la cara. Con humildad y sopesando los hechos llegaremos a mejor puerto. No se trata de lo que me “gusta” o de lo que “acepto” – se trata de lo que ES. O en palabras de cierto italiano adicto a escudriñar los cielos nocturnos de Florencia, “Y sin embargo, se mueve…”.
Hasta la próxima.
Fernando
