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¡Qué sabio es saber que no sabemos! / The wisdom behind our accepted ignorance.

Fotografía de un tardígrado, quizá la criatura más resiliente del planeta. Miden aprox. 0.5mm / Photo of a tardigrade, perhaps the most resilient creature on the planet. Approx. 0.2in.

ESPAÑOL:

Lo admito, la ignorancia me apasiona. Bueno, lo que quiero decir es que me entusiasma reconocer que sabemos muy poco y cuán recientes son nuestras revelaciones. Al pensarlo siento como si me poseyera el espíritu de un tal Sócrates y me sacudiera violentamente, exigiéndome humildad, apertura y contrición. Aprovechando tan filosófico rapto (por no decir ateniense posesión) únanse a un viaje de descubrimiento, les prometo que también les entusiasmará.

1543, Alemania: Copérnico publica su obra magna postulando que la Tierra no es el centro del Universo y que giramos alrededor del Sol. 1610: Galileo apunta al cielo y comprueba las ideas de Copérnico y sufre la persecución de la iglesia por ello (“Eppur si muove.”) Holanda, 1670: Antonie van Leeuwenhoek apunta un sencillo microscopio a una gota de agua y descubre la existencia de los microorganismos. Estos seres son las bacterias, protozoarios, virus y similares que componen al menos el 15% de la biomasa del planeta (los animales somos alrededor del 2%) y que habitan literalmente todo, desde la atmósfera alta hasta los océanos y kilómetros bajo la superficie de la tierra, pasando por nuestras entrañas.  Su descubridor fue ampliamente atacado en su momento por presentar una “insensatez”. 1740-1800: Benjamin Franklin y otros pioneros descifran la naturaleza de la electricidad. 1773: descubrimiento de los tardígrados, pequeños animales que en su estado de hibernación se muestran “a prueba de todo” pues pueden resistir desde el calor extremo, la desecación, el frío intenso, la radiación y hasta el vacío del espacio. 1801: Thomas Young demostró la extraña dualidad onda-partícula de la luz. Esta es buena: hace solo ~200 años (1824) se presenta al fósil del Megalosaurus, primer dinosaurio formalmente reconocido. Esos animales reinaron por casi 200 millones de años, y nosotros nos dimos cuenta hace tan solo 200… una jurásica diferencia. Una vez más, los ataques y burlas ante el descubrimiento fueron la norma en su tiempo. Luego a mediados del siglo XIX, Charles Darwin publicó su teoría de la evolución por selección natural, coincidiendo con Pasteur y Koch y su teoría de los gérmenes como causantes de enfermedades (anteriormente las explicaciones rayaban desde los “humores”, los “malos aires” y los castigos divinos). En 1869, desde Rusia, Dmitri Mendeléyev presentó al mundo a los elementos químicos organizados en la tabla periódica, sufriendo burlas y escarnio público por considerarse “adivinación” o “misticismo” al proponer la existencia de elementos aún no descubiertos. Casi empezando el siglo anterior, Henri Becquerel y los Curie descubrieron la radioactividad, abriendo la puerta a la era atómica: tratamientos para el cáncer, reactores, fisión, fusión y lamentablemente las armas nucleares.

“Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano.”

Isaac Newton

Vamos ahora al siglo XX. 1903: primer vuelo de los hermanos Wright – muy a pesar de lo predicho por el cálido de Lord Kelvin (pun intended), quien en 1895 dijo: “El vuelo de máquinas más pesadas que el aire es impracticable, si no totalmente imposible” y en 1902: “No tengo ni un ápice de fe en la navegación aérea que no fuese en globos” -. 1905: Albert Einstein postula la teoría especial de la relatividad, y diez años después, la relatividad general. El hito siguiente es mi favorito: en 1924 Edwin Hubble demostró que el universo se extendía mucho más allá de la Vía Láctea. Sí, leíste eso bien: hace solo un mísero siglo pensábamos que el Universo era la Vía Láctea (hoy sabemos que hay por lo menos dos billones (sí, billones con B) de galaxias en el Universo. Para efectos de comparación nótese que la primera imagen de campo profundo del telescopio espacial James Webb (conocida como SMACS 0723), que abarca una porción del cielo equivalente a un grano de arena sostenido con el brazo extendido, capturó miles de galaxias. ¡Ups! Pequeño error de juicio por nuestra parte… Década de los 30, Meitner y Hahn lograron la fisión nuclear, Fritz Zwicky propone la existencia de la materia oscura y Baade postula la existencia de las hoy “rutinarias” supernovas. En 1938, el hallazgo de un pez celacanto vivo en Sudáfrica conmocionó a la biología al tratarse de una especie considerada extinta hace millones de años. 1957: lanzamiento del primer satélite artificial, el Sputnik. Avanzando a la década de 1960, la confirmación de la tectónica de placas validó finalmente la deriva continental de Mr. Wegener, a quien tanto ridiculizaron en vida. 1969: Brock descubre a los microorganismos extremófilos capaces de vivir en aguas ardientes. A partir de ahí, se expande el concepto con nuevas especies capaces de soportarlo todo: extrema acidez, radiación, frío y altas presiones (incluyendo las habilidades del ya mencionado tardígrado). Por supuesto, ese mismo año aluniza el Apolo 11. 1971: se comprobó que Cygnus X-1 era el un agujero negro – el primero formalmente en registro. Seis años más tarde (hace 48 años), el sumergible Alvin halló vida quimiosintética en fuentes hidrotermales abisales. Esto fueun descubrimiento biológico asombroso: son seres que habitan en la más absoluta oscuridad, kilómetros bajo la superficie y no requieren de la energía solar para sobrevivir. Encontramos de la nada ecosistemas de gusanos, crustáceos, y bacterias que se alimenta del calor y los químicos emanados por fuentes termales en el fondo de los océanos, sin mediar fotosíntesis de por medio – impresionante. En 1989 se descubren los extraños rayos en la alta atmósfera llamados “Sprites” y “Elves”, algo anteriormente calificado como leyendas de pilotos comerciales.  En 1992, se confirmó la presencia de hielo en Marte (acabando con décadas de burlas sobre “perseguir espejismos”). Y luego, menudo logro: hace solo 31 años, en 1995, se detecta el primer exoplaneta (hoy hay más de 6000 formalmente reconocidos y 8000 más en investigación, y la cuenta solo sigue subiendo). Ya en el siglo XXI, la misión LCROSS confirmó en 2009 la existencia de agua en la Luna, mientras que en 2015 la colaboración LIGO detectó por primera vez ondas gravitatorias. Nuevo hito: detección del primer objeto ajeno al Sistema Solar, el aún polémico “Oumuamua”, sobre cuya naturaleza los astrónomos no se ponen de acuerdo. Para finalizar este alocado recuento, una nueva frontera: en 2022, el despliegue de los Modelos de Lenguaje de Gran Escala (LLM) marcó la llegada de una inteligencia artificial generativa plenamente funcional, casi un “alienígena” pensante activo en el planeta.

“El problema fundamental del mundo es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas.”

B. Russell

Nuestra especie – el homo sapiens – tiene aproximadamente unos 300.000 años por aquí, contrastemos esa cifra con el anterior recuento que no abarca ni siquiera cinco siglos. Nuestro limitadísimo conocimiento es muy reciente, está evolucionando todo el tiempo y solo nos abre la razón a más y mejores preguntas. Hubo un tiempo en que el Sol giraba en torno nuestro, en que los rayos eran el martillo de los dioses, en que nos enfermábamos por castigo divino, en que los seres vivos estaban hechos de sustancias mágicas, en que no existían los dinosaurios, en que toda la vida del planeta dependía de la fotosíntesis, en que nada más pesado que el aire podía volar, en que no sabíamos de la radioactividad… ¡y todo eso siempre había estado ahí! Era cuestión de abrir la mente y mirar no solo con nuevos instrumentos, sino con nuevos ojos. Una compilación como la anterior debe impelernos a la humildad: la evidencia es incontestable y la honestidad intelectual debería ser la marca de nuestra humanidad. Mi punto es: ¿Cuántas de estas ideas serán revisadas a futuro – o ya sin eufemismos – ¿qué tan equivocados estamos hoy por hoy, y qué tanto lo estaremos mañana? ¿Por qué somos tan reacios a los nuevos descubrimientos y tan prontos a atacar y ridiculizar a nuestros pioneros? ¿Qué clase de absolutas sorpresas nos esperan aún en el fondo de los océanos, en los hielos y las profundidades de Marte, en los océanos de Encelado, en Europa, en Titán? ¿Qué habrá en esos casi infinitos otros mundos alrededor de otras tantas estrellas? ¿Hasta dónde llegará la Inteligencia Artificial? ¿Habrá algo más allá de la muerte? ¿Qué es la consciencia? ¿Qué hay más allá del límite visible del Universo? ¿Qué son la materia y la energía oscuras? ¿Será posible viajar en el tiempo? Se me ocurren tantas y tantas preguntas, y ninguna es descabellada. Simplemente es de sabios saber que no sabemos. Humildad, apertura, esperanza.

Han pasado casi 2500 años pero Sócrates aún nos susurra al oído: “La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia”. Qué hermoso es saber que no sabemos, que fascinante es abrir la mente y el alma a la posibilidad de nuevos descubrimientos y aventuras.

🖖Larga vida y prospera,

Fernando


ENGLISH:

I admit it, ignorance fascinates me. Well, what I mean is that I am thrilled to acknowledge how little we know and how recent our revelations are. Thinking about it makes me feel as if I were possessed by the spirit of a certain Socrates, shaking me violently and demanding humility, openness, and contrition. Taking advantage of such a philosophical rapture (not to say Athenian possession), join me on a journey of discovery—I promise you will be thrilled too.

1543, Germany: Copernicus publishes his magnum opus, postulating that the Earth is not the center of the Universe and that we revolve around the Sun. 1610: Galileo points to the sky, proves Copernicus’s ideas, and suffers persecution by the church for it (“Eppur si muove.”) Netherlands, 1670: Antonie van Leeuwenhoek points a simple microscope at a drop of water and discovers the existence of microorganisms. These beings are the bacteria, protozoa, viruses, and the like that make up at least 15% of the planet’s biomass (we animals are around 2%) and literally inhabit everything, from the upper atmosphere to the oceans and kilometers below the Earth’s surface, including our insides. Their discoverer was widely attacked at the time for presenting “foolishness.” 1740-1800: Benjamin Franklin and other pioneers decipher the nature of electricity. 1773: Discovery of tardigrades, tiny animals that in their hibernation state prove to be “indestructible” as they can resist extreme heat, desiccation, intense cold, radiation, and even the vacuum of space. 1801: Thomas Young demonstrated the strange wave-particle duality of light. This is a good one: only ~200 years ago (1824), the fossil of the Megalosaurus, the first formally recognized dinosaur, was presented. Those animals reigned for nearly 200 million years, and we realized it just 200 years ago… Holy Jurassic difference, Batman! Once again, attacks and mockery toward the discovery were the norm in its time. Then, in the mid-19th century, Charles Darwin published his theory of evolution by natural selection, coinciding with Pasteur and Koch and their germ theory of disease (previously, explanations ranged from “humors” and “bad air” to divine punishments). In 1869, from Russia, Dmitri Mendeleev presented the chemical elements organized in the periodic table to the world, suffering mockery and public scorn for it being considered “divination” or “mysticism” when proposing the existence of undiscovered elements. Almost at the start of the previous century, Henri Becquerel and the Curies discovered radioactivity, opening the door to the atomic age: cancer treatments, reactors, fission, fusion, and unfortunately, nuclear weapons.

“Education is a progressive discovery of our own ignorance.”

W. Durandt

Let’s move now to the 20th century. 1903: The Wright brothers’ first flight—much to the dismay of what was predicted by such a hot character as Lord Kelvin (pun intended), who in 1895 said: “Flight by machines heavier than air is impractical, if not utterly impossible” and in 1902: “I have not the smallest molecule of faith in aerial navigation other than ballooning.” 1905: Albert Einstein postulates the special theory of relativity, and ten years later, general relativity. The next milestone is my favorite: in 1924, Edwin Hubble demonstrated that the universe extended far beyond the Milky Way. Yes, you read that right: just a miserable century ago, we thought the Universe was the Milky Way (today we know there are at least two trillion [yes, trillion with a T] galaxies in the Universe). For comparison, note that the first deep-field image from the James Webb Space Telescope (known as SMACS 0723), which covers a slice of sky equivalent to a grain of sand held at arm’s length, captured thousands of galaxies. Oops! A slight error in judgment on our part… In the 1930s, Meitner and Hahn achieved nuclear fission, Fritz Zwicky proposed the existence of dark matter, and Baade postulated the existence of what are now “routine” supernovae. In 1938, the discovery of a live coelacanth fish in South Africa shocked biology, as it was a species considered extinct for millions of years. 1957: Launch of the first artificial satellite, Sputnik. Moving to the 1960s, the confirmation of plate tectonics finally validated Mr. Wegener’s continental drift, whom they ridiculed so much during his lifetime. 1969: Brock discovers extremophile microorganisms capable of living in scalding waters. From there, the concept expanded with new species capable of enduring everything: extreme acidity, radiation, cold, and high pressure (including the abilities of the aforementioned tardigrade). Of course, that same year Apollo 11 lands on the moon. 1971: Cygnus X-1 was proven to be a black hole—the first formally on record. Six years later (48 years ago), the submersible Alvin found chemosynthetic life in abyssal hydrothermal vents. This was an astonishing biological discovery: these are beings that inhabit absolute darkness, kilometers below the surface, and do not require solar energy to survive. Out of nowhere, we found ecosystems of worms, crustaceans, and bacteria that feed on the heat and chemicals emanating from thermal vents at the bottom of the oceans, without any photosynthesis involved—impressive. In 1989, strange flashes in the upper atmosphere called “Sprites” and “Elves” were discovered, something previously dismissed as commercial pilots’ legends. In 1992, the presence of ice on Mars was confirmed (ending decades of mockery about “chasing mirages”). And then, what an achievement: just 31 years ago, in 1995, the first exoplanet was detected (today there are more than 6,000 formally recognized and 8,000 more under investigation, and the count just keeps rising). Already in the 21st century, the LCROSS mission confirmed the existence of water on the Moon in 2009, while in 2015 the LIGO collaboration detected gravitational waves for the first time. A new milestone: detection of the first interstellar object from outside the Solar System, the still-controversial “Oumuamua,” whose nature astronomers still cannot agree on. To conclude this wild recount, a new frontier: in 2022, the deployment of Large Language Models (LLMs) marked the arrival of a fully functional generative artificial intelligence, almost an active thinking “alien” on the planet.

“Real knowledge is to know the extent of one’s ignorance.”

Confucius

Our species—Homo sapiens—has been around for approximately 300,000 years; let us contrast that figure with the previous recount, which does not cover even five centuries. Our extremely limited knowledge is very recent, it is evolving all the time, and it only opens our minds to more and better questions. There was a time when the Sun revolved around us, when lightning was the hammer of the gods, when we fell ill due to divine punishment, when living beings were made of magical substances, when dinosaurs did not exist, when all life on the planet depended on photosynthesis, when nothing heavier than air could fly, when we knew nothing of radioactivity… and all of that had always been there! It was a matter of opening the mind and looking not only with new instruments, but with new eyes. A compilation like the one above must compel us to humility: the evidence is undeniable, and intellectual honesty should be the hallmark of our humanity. My point is: How many of these ideas will be revised in the future—or without euphemisms—how wrong are we today, and how wrong will we be tomorrow? Why are we so reluctant to accept new discoveries and so prone to attack and ridicule our pioneers? What kind of absolute surprises still await us at the bottom of the oceans, in the ice and depths of Mars, in the oceans of Enceladus, in Europa, in Titan? What will be lurking in those nearly infinite other worlds around so many other stars? How far will Artificial Intelligence go? Will there be something beyond death? What is consciousness? What lies beyond the visible limit of the Universe? What are dark matter and dark energy? Will it be possible to travel in time? So many questions and none is wild or far-fetched. Wisdom is about knowing that we don´t know. Humility, mind openness, hope.

It´s been nearly 2500 and Socrates still resonates in our ears: “True wisdom resides in acknowledging our ignorance”. How enlightening is it to recognize that we don´t know, how fascinating is it to open minds & hearts to the possibility of new findings and running new adventures.

🖖Long life and prosper,

Fernando


Mantengámonos al volante: de la Inteligencia Artificial a la Filosofía Personal

Sobrepasados

Las capacidades de la Inteligencia Artificial (IA) son, desde hace poco, simplemente asombrosas. Nos superan investigando, comparando y analizando todo tipo de datos. Ya sean cifras, textos, imágenes, audios o muestras su eficiencia es pasmosa. Y esto es solo el inicio, pues se espera que en dos o tres años se alcance ese hito histórico en que la IA nos de alcance en todo nuestro humano espectro de competencias, desde la parte motora (a través de la robótica) hasta la solución de problemas ultra avanzados (con algoritmos generados por algoritmos). ¿Estamos fritos, pues? No lo veo así. Permítanme explicarles mi punto.

Lo dicho anteriormente se sostiene: no hay vuelta atrás y en 24, 36 ó 60 meses (nuestras hipotecas tienen plazos más largos….) la IA nos habrán dado “caza” y a partir de entonces serán exponencialmente más inteligentes que todos nosotros juntos. Vendrá entonces la temida “singularidad”. La IA resolverá enigmas matemáticos, misterios físicos, incógnitas químicas y biológicas: toda esa caterva de problemas e interrogantes que exceden nuestras tan limitadas entendederas.

Limitadas

Pero – y nunca un “pero” tan dulce – existe una cualidad que no está al alcance de estas máquinas: omnipotentes no serán. A lo que voy es que estas IA son eso: inteligentes, pero nada más. Serán entidades supremamente capaces de resolver problemas (eso es, por definición, la inteligencia) pero al no estar vivas no pueden realizar una introspección filosófica. Digo, podrán simularlo, pero una IA no puede angustiarse genuinamente por la muerte simplemente porque… ¡no puede morir! No pueden agitarse por una crisis existencial, por encontrarle sentido a la vida porque no están vivas. No se devanan los sesos por perder el trabajo o por enfermar. No tienen familia ni amigos. No pueden llorar, reír o temer.  No tienen consciencia en el sentido más amplio de la palabra. No pueden amar.

Esperanza

De manera tal que, en medio de nuestras muchísimas limitaciones, la Humanidad tiene acceso a un ámbito exclusivo. Paradójicamente este acceso se deriva de nuestra mortalidad y de nuestra capacidad para el sufrimiento tanto físico como espiritual. Entramos aquí al dominio de la Filosofía y sus exquisitos & elusivos retoños: la Sabiduría, la Moral, la Ética.

Amigos, mi punto es sencillo pero fundamental. No podemos ganarles a las máquinas resolviendo problemas, así que (cuidadosamente) deleguémosles esa tarea. Juguemos bien nuestras cartas y hagamos un estratégico “outsourcing”. Este cambio de perspectiva guillotina de una vez y por todas toda esa angustia, esa ansiedad por presentir que somos una especie obsoleta; unos primates a los que les ha caducado su vida útil. Sostengamos nuestra histórica primacía desde una esfera diferente. Que para la Persona sea esta la Era de la Filosofía, y dejémosle lo demás a las consabidas Inteligencias. Este enfoque nos abre un exquisito menú de posibilidades. No pretendamos ser lo que no somos, unos “super algoritmos resolutores de problemas”. Hay algo mejor para nosotros. Abracemos la ensimismada auto-interpelación, la contemplación, la hermenéutica, la meditación, la poesía, las artes, la literatura, el sentir, la pasión, la caridad, el ser y hasta el aburrimiento. ¿Quién soy? ¿Qué quiero? ¿Hacia dónde quiero enrumbarme? ¿Cuáles son mis virtudes y mis defectos? ¿Cómo puedo ser mejor? Caminemos en conversación con Sócrates, codeémonos con Aristóteles y Platón. Razonemos con Descartes, con Spinoza y con Kant. Descansemos en Jung, Frankl y Freud. Y más al Oriente, meditemos con Lao-Tze y con el Buda. Si es de su interés, interroguemos también a Confucio pero evitemos aquello de caer en la confusión (pun intended, Miss Panamá…).

En conclusión

Concluyamos: tenemos una dorada oportunidad para ser plenamente humanos, una actividad en la que somos por definición insuperables. Que la IA se encargue de resolver lo técnico, lo material, lo logístico. Nos toca a nosotros enfocarnos en lo existencial, en eso íntimamente nuestro, en saborear esa “médula de la vida” loada por Mr. John Keating a sus alumnos de poesía (“Oh Captain, my Captain!”). Hoy más que nunca aplica aquel dilema del “ser o no ser”, aquellas preguntas últimas, la búsqueda de nosotros mismos, de lo correcto, de nuestros valores y de nuestro futuro conjunto. 

Un cálido, humano y muy sentido abrazo,

Fer

El Monstruo de Frankenstein, la Primera Inteligencia Artificial

Sobrecogedores extractos, toda una premonición recopilada desde la novela “Frankenstein, o el Prometeo Moderno” (Shelley, 1818).

Esperaba este recibimiento – dijo el demoníaco ser – . Todos los hombres odian a los infelices. ¡Cuánto no me debes odiar tu a mí, que soy el más desgraciado de los seres vivientes! Sin embargo, tú, mi creador, me detestas y desprecias a tu criatura a la cual tu arte vinculó por lazos que solo romperá la desaparición de uno de nosotros. Quieres matarme. ¿Cómo osas jugar así con la vida? Cumple tus deberes conmigo y yo cumpliré los míos contigo y con el resto de la numanidad. Si accedes a mis condiciones, os dejaré en paz, pero si rehúsas, llenaré el buche de la muerte hasta saciarlo con la sangre del resto de tus amigos.”

“- ¡Cálmate! Te ruego que me escuches antes de dar rienda suelta a tu odio sobre mi cabeza. ¿Es que no he sufrido lo suficiente para que trates de aumentar mi miseria? La vida, aunque solo sea un cúmulo de angustias, me es querida y la defenderé. Recuerda que me has hecho más fuerte que tú; mi estatura es superior a la tuya y mis articulaciones son más flexibles. Pero no me tienta enfrentarme a ti. Soy tu criaura, así pues seré dócil y sumiso con mi señor y rey natural si tú también desempeñas el papel que me debes. Oh, Dr. Frankestein, no seas justo con cualquier otro y te ensañes solo conmigo, que soy quien más merece tu justicia e incluso tu clemencia y afecto. Recuerda que soy tu criatura. Debería ser tu Adán, pero soy más bien el ángel caído a quien apartaste de la alegría sin motivo.”

Solo con mucha dificultad recuerdo la primera etapa de mi existencia; todos los acontecimientos de ese período me parecen confusos e indistintos. Una extraña multitud de sensaciones se apoderaron de mí, y vi, oí y olí al mismo tiempo. Tardé mucho en aprender a distinguir las funciones de cada sentido. Recuerdo como lentamente una luminosidad cada vez más fuerte me presionaba los nervios y tuve que cerrar los ojos”.

“Poco a poco hice un descubrimiento de mayor trascendencia aún. Vi que aquella gente tenía un modo de comunicarse sus experiencias y sentimientos con sonidos articulados. Observé que a veces las palabras pronunciadas producían alegría o dolor, sonrisa o tristeza en las mentes y los rostros de los oyentes. Esta sí que era una ciencia divina y deseaba ardientemente familiarizarme con ella.”

Al principio estas lecturas me habían tenido tremendamente perplejo, pero poco a poco descubrí que al leer pronunciaba con frecuencia los mismos sonidos que cuando hablaba. Así pues, imaginé que encontraba en el papel signos de expresión que comprendía y entonces deseé con fervor comprenderlos también.”

“Las palabras me indujeron a volverme a mí mismo”

¡Que extraña naturaleza la del conocimiento! Se aferra a la menta una vez que se adhiere a ella, el el líquen a la roca. A veces deseaba arrancarme todo pensamiento y sentimiento, pero aprendí que solo había un modo de superar la sensación y dolor, y era la muerte.”

Pero, ¿dónde estaban mis amigos y parientes? Ningún padre había vigilado mis días infantiles, ninguna madre me había bendecido con sonrisas y caricias o, si lo había hecho, toda mi vida pasada era ahora un borrón, un vacío ciegbo en el yo que nada distinguía. Desde los primeros recuerdos que tenía siempre había sido como entonces en estatura y proporción. Nunca había visto a nadie que se pareceiese a mí o me pidiese tener una relación. ¿Qué era yo? La pregunta surgía de nuevo y solo podía responder con gemidos.”

¡Maldito, maldito creador! ¿Por qué no vivía? ¿Por qué no extinguí en ese instante la llamda de vida que tú tan gratuitamente habías otorgado? No lo sé. La desesperación aún no se había adueñado de mí. Mis sentimientos era solo ira y venganz. Podría haber con gusto destruido la casa y sus habitantes, y saciarme con sus alaridos y su desgracia.”

“Yo también puedo sembrar la desolación. Mi enemigo no es invulnerable.”

“Soy malvado porque soy desgraciado. ¿Es que no me evita y odia toda la humanidad? Tú, mi creador, me harías trizas para triunfar. Recuerda eso, y dime por qué de o sentir más piedad con el hombre de la que él siente por mí. ¿He de respetar al hombre cuando él me condena?”

Sin embargo, no me someteré como un esclavo abyecto. Me vengaré de mis heridas. Si no puedo inspirar amor, causaré miedo, en especial a ti, mi archienemigo, porque eres mi creador, y te juro odio eterno. Ten cuidado.”

“Te juro, por esta Tierra que habito,y por ti que me creaste, que con la compañera que me des abandornaré la vecindad de los hombres y viviré, si es menester, en los lugares más salvajes de la Tierrra. ¡Mis bajas pasiones habrán desaparecido porque sentiré simpatía!”

Mis vicios son hijos de una soledad forzosa que aborrezco, y mis virtudes surgirían forzosamente si viviera en armonía con un igual. Sentiría los afectos de otro ser sensible y me incorporaría a la cadena de existencia y sucesos de la cual estoy ahora excluido.”

“Recuerda mi poder. Tú te crees desdichado, pero puedo hacerte tan desgraciado que hasta la luz del día te resulte odiosa. Tú eres mi crador, pero yo soy tu amo. ¡Obedece!”

Los párrafos anteriores son extractos selectos de la novela gótica “Frankenstein, o el Prometeo moderno”, de Mary W. Shelley, la cual leí solamente hace unas semanas. Al leerla, me sobrecogío un sentimiento angustiante, una sensación de que estas palabras, escritas en el lejano año de 1818, son más bien una premonición, un oráculo, un destino hacia el cual marchamos ciega y tozudamente. Cualquier similitud entre las anteriores líneas y los recientes acontecimientos con la Inteligencia Artificial NO son mera coincidencia.

Cuidado con lo que desea, Dr. Viktor Frankenstein, que puede ser que lo consiga…

Respetuosamente,

Fernando

PD: un detalle curioso es que en la novela el sanguinario monstruo no tiene nombre propio. Caramba, a la luz de acontecimientos recientes,quizá sería conveniente llamarle Claude, o Bard, o Midjourney, o Copilot, tal vez ChatGPT… ¿o quizá Skynet? Da para pensar.