OPINION: Viaje a la Idiotez / Idiocy Trek

“Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis.”
Michel de Montaigne
Abran paso a los idiotas
He llegado a la triste conclusión de que, en promedio y como especie, nos estamos convirtiendo en una raza de idiotas. Idiotas redomados. Y espero que el uso del gerundio en la oración anterior sea aún lo correcto y no sea más apropiado el presente del verbo (entiéndase entonces la lapidaria sentencia de que ya somos una raza de estúpidos). Es mi parecer que este viaje a la idiotez no solo es un hecho sino que la velocidad del tren expreso a “tarado-landia” acelera a ojos vistas. La cantidad de idiotas, de sandeces y el grado de las mismas crecen de manera exponencial, contagiándose a un ritmo que hace palidecer al COVID-19. Esta es la más desoladora pandemia mundial, una con tasas de contagio y de enfermedad grave muy superiores a cualquier contraparte biológica conocida.
“El propósito de un escritor es evitar que la civilización se destruya a sí misma.”
Albert Camus
Hay muchos síntomas y causales, más postulo que todo este mierdero abreva de una única causa raíz, tan sencilla como retadora para efectos de implementar la tan urgente solución. Me refiero a nuestro insaciable apetito por consumir información (y sí, hay ínfulas de “dataísmo” en este diagnóstico, lo sé), pero a todas luces, lo que nos apetece como sociedad global es el equivalente a la comida chatarra: entre más estúpido y ligero el contenido, pues mejor. Supongo que esto facilita la “digestión” y permite a su vez consumir más idioteces que van creando un idiota aún más perfecto, capaz de procesar únicamente bobadas aún más increíbles en mayor volumen. Así es, estimado lector, estimada lectora, como dice el adagio de los informáticos, “basura entra, basura sale” y al precer lo que nos appetece es el volumen de información que consumimos y nos vale un comino la calidad de la misma. Es el equivalente a comer hamburguesas, papas fritas y gaseosa todo el tiempo que estamos despiertos. Imaginese usted el resultado fisiológico de esta gastronómica analogía… y extrapole al ámbito cognitivo los resultados. Esto explica los Q´Anon, las teorías de la conspiración, “La Tierra es plana”, los antivacunas, la popularidad de políticos capaces de causar derrames cerebrales con sus discursos y la adicción juvenil a los memes y bailecitos de TikTok.
“La estupidez real siempre vence a la inteligencia artificial.”
Terry Pratchett
“Algo huele mal en Dinamarca”.
Consideremos la educación de un niño durante la Inglaterra Victoriana. Aún considerando los bemoles del elitismo y clasismo de la época, mi punto es que había un marcadísimo énfasis en la lecto-escritura y la artimética; las cuales se debían dominar a cabalidad. Los menores también recibían clases de historia y geografía, y los libros a leer eran literatura de verdad. En el caso de las élites, esto incluía hasta los clásicos – la Ilíada y la Odisea – múltiples idiomas (incluyendo el latín) y el equivalente a la telenovela del pueblo del la época eran las obras de Dickens y similares, publicadas por capítulos semana a semana. Por otro lado, para informarse de eventos y noticias, pues estaban los diarios y nada más. Es decir, la cantidad de información era muchísimo menor… pero de mucha mayor calidad. Aún en mi pequeño país, con las inmensas limitaciones del momento, la calidad de la educación pública hace unos cincuenta o sesenta años era mucho mayor: lo poco que había era de primer orden. Traslademonos al presente y examinese nuestra realidad y la de nuestros jovenes. La información simplemente nos ahoga por abundante, pero la inmensa mayoría de nosotros se limita a las nefastas redes sociales para des-informarse (valga mencionar, ¡qué alegría la caída de Facebook este pasado 4 de octubre!), y los más de aquellos que aún tienen la “mala costumbre” de leer un libro se limitan a la literatura “light”: novelas de aventuras, el género fantástico y similares. De repente alguien lee la Biblia… ¡pero nada más! Es más, si quiere hacer un experimento, compare una revista “National Geographic” de hace unas tres o cuatro décadas con las de hoy en día. Hágalo y cuentenos a que conclusiones llega.
“Todos tienen derecho a su propia opinión pero no a sus propios hechos“
Daniel Patrick Moynihan
En resumen, ya nadie lee una novela clásica, por no hablar de no-ficción de calidad. Leer un buen libro se ha convertido en algo a lo que solo se puede describir como un “gusto adquirido para intelectuales” (sea lo que sea eso); una afición innecesaria y amarguísima para el gran público, un adorno para afectados. Lo mismo aplica para el gran arte. Irónicamente, nunca en la historia de la humanidad ha habido tanta disponibilidad, tanta accesibilidad y facilidad para leer un buen libro, disfrutar una buena película, admirar una hermosa pintura o escuchar una sinfonía. Es cuestión de un “click”. Pero claro, eso significaría esfuerzo, concentración, dedicación: es más fácil ver “youtubers” hablando de videojuegos o moda, escuchar reggaetón o leer culebrones de “vampiros enamorados”.
Una arista aún más preocupante del problema es que las generaciones más jovenes han sido expuestas al mencionado mierdero desde su más tierna infancia, lo cual significa que es lo que conocen, lo que entienden… y lo que gustan y admiran. Los niños ya ni siquiera ven caricaturas: se la pasan expuestos a “youtubers” haciendo estupideces sin diálogo y sin guión o trama alguna; sazonados con colores chilllantes, efectos especiales de segunda y soniditos estridentes. A mi me parece que esto es Idiotez 101. Pregunto – ¿qué estamos haciendo con nuestros hijos? ¿En qué se convertirán? ¿Qué clase de pensamiento crítico, de capacidad de concentración, de conocimientos tendrán; si todo lo que conocen es el lado más decadente, no, digámoslo sin ambages, más ESTÚPIDO (y en ocasiones oscuro) de los Netflix, Whatsapp, TikTok y YouTube? Es decir, ¿qué podemos esperar de una personita que tiene como ídolo, modelo o heroína a un tipo o tipa que se gana la vida haciendo muecas y payasadas por internet? ¿Qué será de la sociedad si el “teléfono” es cada vez más “inteligente”, sabe cada vez más de nosotros y la humanidad por su parte es cada vez más un colectivo de imbéciles? ¿Para dónde vamos?
“El problema con el mundo es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”
Bertrand Russell
Mi estúpida conclusión
Siendo así las cosas, creo que la única manera de salir de esta ciénaga nauseabunda de cretinos y necedades implica una doble medicina, y no sé cuál de las dos es más amarga y más difícil de implementar. En primer lugar, debemos disminuir la cantidad de información que consumimos. Si, muchísimo menos pantallas. Re-aprender a ir al inodoro sin el celular. Re-aprender a comer sin ver la TV… o al menos ver la TV sin mirar a la vez el celular. Aprender a no hacer nada, a aburrirnos, a olvidarnos de Whatsapp y del teléfono por ratos. Re-aprender a ser sin hacer y más importante aún, a ser sin consumir. Simplemente, ser.
Por otro lado, debemos a un tiempo mejorar la calidad de la información que consumimos. Leer un libro. Un libro de verdad. Y leerlo de cabo a rabo, pensando, estudiando, aprendiendo, persistiendo. Escuchar música clásica. Ir a un museo. No digo que no haya espacio para ligerezas y “fiesta” pero si solo se consume el equivalente a papas fritas digitales cada minuto de nuestro tiempo de vigilia… pues aviados estamos. ¿Como lograr lo anterior, como implementar estas “medicinas” para el gran público? No tengo la menor idea. Los recientes acontecimientos en torno al imperio del Sr. Zuckerberg dan alguna esperanza: creo que una estricta legislación para las redes sociales es un primer gran paso. Quizás (y ya estoy llegando a extremos utópicos) prohibir las redes sociales y algunas otras plataformas un par de días por semana sería una gran medida, para dejarnos ser siquiera por unas horas, para tener paz mental aunque sea por ratos. Soñar es gratis, ¿no? La alternativa es resignarnos al consumo masivo e ilimitado de idioteces por un colectivo de zombis hambrientos sin cerebro: una sindemia de idioteces y de idiotas adictos a la idiotez. Algo habrá que hacer entonces.
“Todos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda.”
Jean de la Fontaine
Por ahora, les deseo aburrimiento, moderación y sabiduría.
Un abrazo,
Fernando
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Caminar solito (reprimiendo el “instinto asesino”)

Algo me distrae en la ventana. Es un insecto. Una abeja, para ser más preciso. Se está dando obstinadamente de topes, buscando con desesperación escapar a través de una ventana cerrada. Imposible, no va a suceder. Estoy presenciando más bien una danza macabra. Zumba. Gira y vuelve a darse contra el cristal. “Estoy ocupado”, dice una voz interna. Intento ignorar al alado polizón. Otro tope más. Levanto la mirada. No. No tolero más esto. ¿La mato, para que no me “distraiga” más a mi, tan “importante” ser? Suena fácil. Conveniente. Y absolutamente egoísta. Una mueca me cruza el rostro, mitad arrepentimiento, mitad fatiga, mitad misericordia, mitad reflexión. Procedo a guardar el “vital” trabajo que estoy haciendo en la computadora. Estoy en pie ya. Me levanto y voy por un recipiente transparente. Luego de un par de intentos, con sumo cuidado de evitar una dolorosa picadura, logro atraparla. La pequeña abeja está cansada. Aún así, revolotea por ratos, luchando por su vida. Sí, suya por derecho propio y de nadie más. Salgo al jardín. Abro la pequeña y transparente prisión. La veo alejarse ligera con un casi imperceptible zumbido. Diríase que cantaba. No fue tan difícil el rescate. Me siento bien. Se hizo lo correcto.
Está en todos nosotros. Es la triste verdad. Es el “instinto asesino”. A mi entender, no es sino otra manifestación del venenoso ego. ¿Qué otra razón podría haber para, diríamos, dañar a una planta o matar a un insecto que no nos ha hecho ningun daño? Esta oscura fuerza se manifiesta además desde la más temprana infancia. Y puede degenerar en desastrosos extremos. Una cosa lleva a la otra. El fulano un día aplasta hormigas para luego pasar a lanzar gatos desde un balcón. De pronto ataca al prójimo, es ya un criminal.
Pero… podemos reprimirlo. Dominarlo. Domarlo. En palabras del irreverente de Andrés Calamaro, podemos “reprimir el asesino, delante de un mimo o de un clown… (…) “. Y es que está en nosotros escoger a cual de las dos voces queremos escuchar. Por mi parte, no quiero más pantallas por hoy. Creo que me dieron ganas de salir. Eso es. De salir a… a caminar solo. Ganas de caminar solito. De sentarme en un parque… y mirar a las palomas comer el pan que la gente les tira. Simplemente mirar. Sonreír. Ser. El tiempo es muy poco. Muy pero muy poco. A lo mejor… a lo mejor resulta mejor así.
Saludos, “locos”…
Fernando
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Internet de los Mocos (IoM)

Una perturbadora idea me persigue desde hace meses. Naturalmente, mi atención sobre este desagradable tema nació con esta agotadora pandemia. Que “fregado”, pero lo cierto es que vivimos en medio de una red global de la cual casi no tenemos conciencia: la Internet de los Mocos (IoM, ahora que está de moda ponerle acrónimo hasta a las texturas del aguacate). Así como lo oye: los humanos estamos conectados no solo por lazos genéticos, económicos, y sentimentales, sino que nuestras interacciones físicas implican además un vivo intercambio de babas. Es decir, una interfase “B2B” (baboso to baboso). Es francamente repulsivo, lo sé, pero no por ello deja de ser la más pura y pegajosa verdad. Cada vez que nos colocamos a menos de 2m de distancia, cada vez que no usamos una mascarilla, cada vez que nos tocamos, pues estamos intercambiando algo más que emociones e información:.. ¡ugh!
Diantres, es que en esta “internet de los mocos”, cada uno de nosotros actúa cual un “nodo” o “terminal” y nuestra burbuja social, ese núcleo familiar con el que convivimos funciona cual “clúster” o “racimo” donde estamos todos revueltos en una sola “sopa de babas”. Desde esta perspectiva las aglomeraciones de personas pueden actuar como verdaderos “hubs” de intercambio de gérmenes. Que le vamos a hacer, hay una correlación inversa entre lo “cool” o “encendida” de la fiesta y la higiene del evento. ¿Ejemplos? Fácil: entre más se llena la discoteca y más “prendido” el baile, pues mayor intercambio de sudores. Entre mejor el partido de futbol y más eufóricas las graderías, pues mayor la lluvia de babas: ¡goooool! Ni hablar de un concierto o un espectáculo masivo: nos une no solo la “vibra” y la energía, sino todo un ecosistema de fluidos, mucosidades y gérmenes… ¡Santos conciertos contagiosos, Batman! Desde esta perspectiva aquello de que una canción es “pegajosa” adquiere una connotación muy pero muy literal.. Deberíamos inventar entonces una nueva unidad de medición para este fluido asunto. Atención, Humanidad, escuchad atenta: postulo aquí y ahora un nuevo concepto, los “Mbps” (Mocos bandoleros por segundo); ¿qué tal?
Pensémoslo un momento: la relación de microorganismos vs células humanas en un adulto es de un asombroso 10 a 1: así es, nos llevan una ventaja asombrosa. Estos diminutos polizones tienen en promedio mucho menor volumen y masa que nuestras células, por lo que solo el 3% de nuestro peso corporal es reflejo de nuestros más cercanos acompañantes. Aún así, y para ponerle números al asunto, si Ud. pesa dígase unos 60 kilos (más o menos 132 libras), entonces es usted él o la feliz propietaria de aprox. 2 kilos (6 libras aprox.) de bichitos microscópicos de todo tipo: ¡felicidades! Que no se diga entonces que no contamos con nuestra propia audiencia; se equivoca Alejandro Sanz y toda la pléyade de poetas y cantantes: no existe aquello de “mi soledad y yo”, sino más bien “mi microbioma y yo”. Avisados estamos, afine bien en la ducha. Desde lo más íntimo de nuestro ser, nos acompañan trillones y trillones de cercanísimos amigos. La mayoría son inofensivos y más bien necesarios para el buen desempeño de las funciones corporales, pero los “chicos malos”, cabalgando sus mocosas motos pandilleras, han aprendido que estimulando reflejos como el estornudo, la tos y en general las secreciones de fluidos de nuestros cuerpos obtienen paquetes “todo incluido” para irse de viaje. Los peores de ellos son los recién llegados de otras especies y/o geografías, pues nuestro sistema inmunitario – el equivalente a nuestras fuerzas de defensa – aún no los conoce y no tiene las armas para combatirlos. Estos son los generadores de pandemias. El último de estos inmigrantes que cruzaron sin visa ni pasaporte la frontera de las especies es el virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad Covid-19. Ya ven, estos bichos son los originales “mojados” (nunca mejor usado el término).
Este intercambio de mocos y gérmenes, como apuntó el genial Orson Welles en “Guerra de los Mundos”, ha estado con nosotros, o por mejor decir, con la vida animal sobre la Tierra, por eones. Me pregunto entonces si nuestros pensamientos, ideas y sentimientos son íntegramente los nuestros y no el reflejo de la sutil insinuación de lo que los ejércitos que nos acompañan nos susurra quietamente. ¿Nos habrán “hackeado” ya hace tiempo? Tal vez lo que le vemos de atractivo al chico o chica en cuestión va más allá de figuras y feromonas. De pronto y tenemos un coro de “firmicutas“, “actinobacterias“, “ciadosporiums“, “lactobacilus” y otros miles de románticos secuestradores diciéndonos al oído “Mira pues, que guapa está, no? Mira que clase de microbiomas tiene!” “Que tipo más atractivo, que clase de triponema tendrá…” “Anímate pues, lactobacilo mata galán”…. No en vano una buena salud va de la mano de que los “chicos buenos” estén también contentos: pregúntele a cualquiera que se le haya pasado la mano con los antibióticos, por no mencionar los estragos que puede ocasionar una fuerte diarrea a la tan elegantemente etiquetada “flora intestinal”: considerando el aroma del jardín en cuestión, lo de licencia poética se queda muy pero muy corta.
Ahora bien, el fatídico 2020 nos enseñó que necesitamos establecer un sistema de “firewalls” (“cortafuegos” o “diques”) que nos permitan controlar y de alguna manera, detener o al menos ralentizar el intercambio de babas en tiempos de pandemia (bajar el “Mbps”, según nuestra nueva y húmeda definición). Concluyo además que convertise en un germofóbico no es la solución. Cortar de raíz nuestra conexión con la “internet de los mocos” no es una buena idea. Vivimos en simbiosis con estos canallas, nos necesitamos los unos a los otros y nuestro sistema inmunitario seguramente nos daría un “golpe de Estado” a falta de enemigos externos donde quemar pólvora y ansias . Sin embargo, una versión moderada de estas medidas de protección en donde priven los protocolos de lavado de mano, la desinfección de algunas superficies y similares deberían convertirse en un nuevo estándar, una nueva normalidad. En un mundo con cerca de 8.000 millones de babosos hiperconectado por vuelos transatlánticos, zumbando con autopistas y trenes de alta velocidad, bailando en cerrados cruceros, gritando con delirantes eventos masivos sumado a la invasión y destrucción de nichos ecológicos y un larguísimo etcétera de otras lindezas; pues tenemos que mitigar de alguna manera el aumento del riesgo que todo este jaleo implica.
¡Vamos, que hemos sido unos grandes cochinos: sigamos lavándonos las manos mis amigos!
Un higiénico saludo,
Fernando
Fuentes: NIH Human Microbiome Project defines normal bacterial makeup of the body
WHO: Naming the coronavirus disease (COVID-19) and the virus that causes it
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Escapando de la cárcel del Egoísmo

Introducción
He tenido una idea. Vaya, vaya, me dirán, ya era hora. Supongo que no será muy novedosa pero en lo que me permiten captar mis limitadas entendederas, su directa y clara exposición sí aporta valor. Al menos facilita un nuevo punto de vista y eso ya es algo, especialmente ahora que estamos iniciando un nuevo y ya probadamente agreste año (la toma del Capitolio estadounidense es solo una muestra de lo que se avecina). Sin más dilaciones, mi idea es que la Historia – sí, con mayúscula, pues me refiero a la Historia de Todos, la Historia de la Humanidad – no es sino un Escape. Así es, un escape de una cárcel muy particular, pues en esa cárcel somos simultáneamente prisioneros y carceleros. Es la Cárcel del Egoísmo, antigua como la Humanidad misma, la más severa de las prisiones.
Ying y Yang
Comienzo por decir que la lucha individual y personal contra el egoísmo está suficientemente diseccionada – un excelente ejemplo es el libro “Ego is the Enemy”, por Ryan Holiday (lo recomiendo encarecidamente, así como las otras obras del mencionado autor). Más mi perspectiva en este pequeño ensayo es que la Historia de Todos puede ser también comprendida como un esfuerzo grupal para escapar del Egoísmo. Es una odisea conjunta a través del tiempo y el espacio, a través de geografías y generaciones. Es un viaje construido a traves del agregado de nuestras decisiones individuales – las elecciones políticas son el ejemplo más obvio y quizás el más importante. Y es que nuestras decisiones gravitan siempre entre dos polos diametralmente opuestos. A saber, el primero apuntando únicamente a acaparar, monopolizar, acumular. Es la fuerza del “Yo”, ciega al exterior y al Prójimo, en toda la magnitud de esta palabra. En diametral oposición, nos hala la fuerza del “Nosotros”. Es lo que nos impele a buscar puntos en comun, a la tolerancia y la empatía. Es ese magnetismo que nos atrae hacia los demás, hacia afuera, a ponernos en los zapatos ajenos. Y así gravitan nuestras vidas, danzando atraída por estas dos fuerzas, Ying y Yang del Espiritu Humano.
La Historia como un Agregado
Ahora bien, el balance neto de nuestros actos como Humanidad es lo que construye la gran línea de tiempo que caracteriza nuestro andar como especie. Postulo que la Historia puede interpretarse como la lucha colectiva por alcanzar una masa crítica de consciencia (o quizás de inconsciencia) global que nos permita comprender lo anteriormente expuesto: nuestro futuro es uno y uno solo: al final, no existen los “demás”. Lamentablemente, la travesía no es lineal ni mucho menos y avanzamos con pasos temblorosos las veces, reculando en ocasiones, cayendo en largas pausas en otras. Esa es la Historia, una amalgama de Guerra y Acuerdo, de Nacionalismo y Apertura, de Enfrentamiento y Cooperación, de Conflicto y Abrazo. Sin embargo, tengo la convicción de que con todo y todo, la tendencia general es positiva y algún día esa masa crítica de empatía global se alcanzará. Esta masa crítica de consciencia como Humanidad sería entonces el equivalente humanista, léase no teológico ni cosmológico, al Punto Omega que expusiera Teilhard de Chardin en su ambiciosa obra. Sobrevendrá entonces una etapa de prosperidad y paz, no solo para nosotros, sino para el planeta.
Conclusión(es)
No me cabe duda, amigo lector: la Nuestra es una ardua odisea que nos aleja tortuosamente de la prisión del Egoísmo. Al elevarnos al nivel de “ojo de pájaro”, los “Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza” que acuñaba Steven Pinker van ganando la batalla. Es nuestro deber ayudarles: todo aquello que “huela” a imponer el “Yo” y lo que este crea, supone o representa – llámese Nacionalismo, Fascismo, Racismo, Xenofobia debe ser rechazado. Patriarcado, Misoginia, Etnocentrismo, Chauvinismo, Discriminación. Antropocentrismo, Prejuicio, Estereotipado, Plutocracia, Nepotismo, Clasismo. Clientelismo, Dogmatismo, Feudalismo, Corrupción, Homofobia. Todo eso debe ser repelido individual y socialmente. Todas esas ideologías y aberraciones abrevan de una mismo cenagal llamado Egoísmo. No son sino manifestaciones sociales de la misma reconcentración en el “Yo”. ¿Qué es el Nacionalismo sino un coro de “YO soy de este lugar y usted no”? ¿Qué es el Racismo sino un coro de “YO soy de este color y usted no”? ¿Qué es es la Homobia sino un coro de “YO tengo este gusto sexual y usted no”? ¿Qué es el Clasismo sino un coro de “YO tengo tanto capital y usted no”?
No quiero dejar de destacar de entre la lista de los mencionados descarríos al Antropocentrismo, por su naturaleza sutil y eterea. Porque esta absurda creencia, esta ingenua idea de que por alguna feliz coincidencia (para nosotros los humanos, por supuesto) somos los únicos dignos de atención moral y la medida de todas las cosas, dueños y señores de la creación es simplemente nefasta. Podemos repetir la fórmula anterior para evidenciar la farsa: ¿Qué es el Antropocentrismo sino un corto de “YO soy humano y ustedes no”? Supuestamente, somos dignos de hacer y deshacer a nuestro placer: una de las más calamitosas manifestaciones de ese Egoísmo: el Cambio Climático y el Maltrato Animal son solo dos ejemplos de sus consecuencias. El empoderamiento que esta idea recibe a través de diferentes corrientes religiosas – el judeocristianismo en particular – la hace aún más peligrosa: es casi un supuesto, un “hecho juzgado”, un cimiento de arenas movedizas donde hemos construido toda una catedral de ulteriores sandeces.
Pero bueno, para cerrar con una nota más positiva, reitero lo ya afirmado: el balance neto, la tendencia generación a generación, es positiva. Este es un nuevo año y la pandemia que asola al mundo cederá pronto. Ayudemos con lo que está dentro de nuestro limitado círculo de influencia para que triunfe la empatía, la solidaridad y la fraternidad. Amigos, aceleremos la huida de la prisión del egoísmo.
Un abrazo,
Fernando
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No, a year is not equivalent to 365 days (that is, project-wise).

I hope that through the title I already have your attention: it´s a bold statement, I know. Still, my point is not driven from a post holidays´ bad hangover or an astronomical delusion. Because yes, the 2021 gregorian calendar has 360 days to go (five gone by now), but this is more sort of a reminder, a call for awareness for decision makers, namely C-Suite, Executives, Managers, PMs etc. now that we are opening the 2021 cycle. In the following paragraphs I´ll explain myself, so bear with me.
For starters, unless your projects run in the same way as your operations (24×7), we are tricking ourselves from the very beginning of our planning exercise: most of us have a deep, almost subconscious assumption (sort of a collective verbal agreement) that concurs that the project has 365 days per year to exploit. Well, that is normally not the case. Let´s start with the ends, I mean the weekends. I have done some research (my data sources are Wikipedia and ourworldindata.org) and assuming Saturdays and Sundays are off and 52 weeks per year in average, then we got 104 days less. After adding the average number of paid holidays (11 is a rounded average worldwide, 13 is the mode), the result is that we loose about 34% of the year calendar days due to weekends and holidays. That leaves us with approx. 240 days to go. Still, if we examine this count from a realistic perspective, we must consider that the last weeks of the year are quite low productive, as the first one usually is. So I dare to say that the real result of this initial filtering exercise leaves us with about 230 or 225 days to produce whatever deliverables are expected. But wait, there is more…
The aforementioned 225 available days need to have paid vacations deducted as well. Now, leave-time varies a lot across countries & legislations. Let´s again use statistics as our allies: world average paid-day vacations based on a five-days work week is 16, and the mode is 20 (source: Wikipedia, these final aggregated numbers were calculated by Fernando). So now we are down to about 205 days to work. Is this the magic number? No, there is always a catch
The 205 days are also a mirage: this number is not accounting for sick, grief and other type of leaves, not to mention travelling days if your endeavor implies such needs. So at the end, I believe we have circa 200 days to go per individual, per calendar year. For the sake of keeping it short & sweet, I am not going in detail about historical trends on leave days. Let´s just mention that diminishing working hours is a historical fact and that 4 days work week is one of the big topics of our time: “experiments” on this idea are happening as we speak. All that being said, and for the peace of your minds, the translation of the work days into work hours provides some relief, especially now that work-from-home is ubiquitous and extended working hours are a new normality: to what extent this simultaneous trend counters/balances the day availability reduction is yet to be assessed as the post-COVID era matures.
As a conclusion, I want to leave you with three ideas in mind: first, if your projects run on a 5 work days week basis, you have in fact about 200 work days per year to go (in other words, you loose 45% upfront!). Secondly, if time is of the essence (and according to my experience, it always is) we should consider for budget to work during Saturdays and/or double or triple shifts and/or a follow-the-sun tactic. A buffer for delays should be embedded into the plan as well. And then last but not least: at the end, our results depend not so much on calendars but on productivity. The point is simple: one truly devoted, focused hour – not to mention a day of undivided attention – produces more relevant outcomes than hours of “multitasking” and mediocre efforts. So let´s strive to be human and deal with one thing at a time – the correct one, the current priority – with all our capabilities and skill in this brand new 2021.
My sincere best wishes to you and your kin, may this new cycle around our star be more productive, focused, happy and healthy for all Humankind.
Fernando
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Y sin embargo, se mueve.

1611. Florencia. Las autoridades eclesiásticas de la época – obispos, prelados y cardenales – se niegan obstinadamente a observar los cielos con el nuevo telescopio construido por Galileo Galiei. Se entiende tal cosa como una tentación del maligno, pues podrían observar con sus propios ojos algo que contradice los cánones de la época… ¡la Tierra no es el centro del Universo! ¡Sacrilegio!
1636. Ámsterdam. Estalla la así llamada “burbuja de los tulipanes”. Durante los meses anteriores, el precio de estas flores creció artificialmente en el mercado hasta niveles absurdos, dándose casos en los cuales hubo personas dispuestas a intercambiar casas y propiedades a cambio de unos cuantas tulipanes. La “fiebre” terminó en un violento estallido financiero, dejando a cientos con solo unos pétalos en la mano. Es quizás el caso más florido de burbuja financiera de la historia.
1882. Londres. Arrecia todo un carnaval de parodias, ataques y burlas en contra de Darwin y su teoría de la evolución. Los argumentos y evidencias presentados con la teoría son descartados ad portas.
1925. Tennessee. Se desarrolla el juicio asociada al “Acta Butler”: grupos fundamentalistas rechazan de nuevo la evolución y argumentan, entre otras cosas, que los fósiles no demuestran la evolución de las especies a cabalidad, y en algunos casos, que son creaciones del demonio, engaños destinados a confundir al hombre y destruir su fe. El debate continúa aún… a pesar de la evidencia científica que comprueba con hechos los millones de años de edad de la Tierra, el “cálculo bíblico” es lo único válido para tales grupos.
2002. Nueva York. La burbuja financiera asociada a las acciones de las empresas “.com” estalla, llevando a la quiebra a miles. El pensamiento de la época asociaba un valor extraordinario a cualquier empresa, siempre y cuando tuviera una presencia en internet, especialmente representada por nombres – “dominios” en el argot de la industria – terminados en “.com”.
2016. Miami. A pesar de que el calentamiento global aumenta año a año el nivel de los océanos y el embate de los huracanes y tormentas se intensifica en cantidad e intensidad, la mayoría de los electores lo ignora o se ciega ante la evidencia y opta por un candidato que niega a cabalidad los hechos… en una ciudad costera en plena ruta de los ciclones tropicales.
2017. San Francisco, California. El millonario e inventor Elon Musk pregunta a la “Flat Earth Society” a través de Twitter por qué no existe una sociedad semejante para el planeta Marte. La mencionada organización responde que, “a diferencia de la Tierra, Marte ha sido observado y es un planeta redondo”.
Noviembre 2020. New York. Una multitud se aglomera en torno a los estudios de la cadena conservadora FOX, protestando por los resultados desplegados sobre la elección presidencial en ese país, sintiéndose casi “traicionados” por un medio en el cual “confiaban”.
Noviembre 2020. Escazú. Como ya están “aburridos” de la pandemia y con la creencia de que “a mí no me va a pasar”, jóvenes y nos tan jóvenes comienzan a aglomerarse en bares y fiestas privadas, desencadenando nuevos focos de infección que terminan cobrando trágicamente centenares de vidas en sus grupos familiares.
Los anteriores son solo algunas muestras de la increíble capacidad del ser humano de auto-engañarse. Son ejemplos de “pensamiento mágico”, instancias en donde abandonamos – con mayor o menor grado de conciencia – los dictados de la lógica y la razón. Mandan entonces las emociones, las cuales son muy útiles para una noche de amigos o para el disfrute en pareja, pero son pésimas consejeras para tomar decisiones financieras, adoptar posturas políticas o llegar a conclusiones científicas. Curiosamente, en la mayoría de los casos, en nuestro fuero interno sabemos que hay algo incorrecto en nuestra decisión, que los números no “cierran”, que algo “huele mal”; más nos hacemos de la vista gorda. Entonces, de la mano de la euforia, de la cólera o de los dictados de la manada a la cual pertenecemos, saltamos alegremente al vacío…
Por supuesto, el problema es que toda decisión conlleva consecuencias, ya sean buenas o malas. Y cuando nos engañamos a nosotros mismos sobrevienen las quiebras, las estafas, las trabas y en temas como el cambio climático, riesgos a escala planetaria. Lamentablemente y parafraseando a cierto personaje, si de algo se puede estar seguro es de la infinita estupidez del ser humano.
Ahora bien, nadie está exento de cometer un error y ser arrastrado por las emociones, por lo cual es valioso también recordar que entre más importante es una decisión, más reflexión debería dársele. Se vale también admitir con humildad los errores cometidos a la luz de nueva información. Hay que tomar un respiro, hay que ver la evidencia, sopesar las fuentes, balancear los pros y los contras, revisar los números “duros”. Y es que, amable lector, aunque no me guste lo que estoy viendo, al final la realidad terminará siempre estallándome en la cara. Con humildad y sopesando los hechos llegaremos a mejor puerto. No se trata de lo que me “gusta” o de lo que “acepto” – se trata de lo que ES. O en palabras de cierto italiano adicto a escudriñar los cielos nocturnos de Florencia, “Y sin embargo, se mueve…”.
Hasta la próxima.
Fernando
Pick up that phone!

“The medium is the message.” – Marshall McLuhan
In days to come, 2020 will be referred not only as the COVID pandemic year, but as the Work-From-Home super-spreader. Globally, jobs not requiring our presence at a physical office are running from our homes, with all the pros & cons that this externally imposed statute implies. In this post, I dare to share the simplest yet most underrated productivity tip for these convoluted times, which is (drums rumble) … pick up the phone! Please don´t tell me you don´t have a physical handset; that is not the point. What we are saying is that we need to bear in mind, carved in letters of gold, that a voice call expedites almost any back-office process you can think about. Yes, I am not talking about fixing a meeting (enough we have, don´t we?) or an unproductive status checkpoint, this is about the old-fashioned 1:1 call – just you and the other stakeholder. For heaven´s sake, don´t email if urgent – pick up the phone and call “John”. And if you have not interacted in a time, if deemed appropriate, ask “Mary” about the family & friends – let´s keep a healthy “layer 8” (human) network functioning: times have shifted, but relationships are still (and perhaps) more important than ever.
On a related line of thought, turning on the camera during meetings and calls is mostly a good idea. Not only it conveys humanism, but it forces you to be “there” and to prepare for the meeting or call. This preparation also implies taking an early shower, dressing appropriately, shaving, make-up being the case, etc. Yes, we are physical beings and taking a shower is part of the daily personal boosters routines. If “cameras on” is what is needed for that to happen, so be it.
In conclusion, we should all develop a sixth-sense, just not for seeing dead people, but for detecting “zombie” email threads (“The Walking Mail?”). We are becoming more and more afraid to pick up the phone and call a co-worker, a customer or a supplier. Think about it: why the hesitation? It’s just a business call – talking to a peer or liaison. What is all this anxiety about? What are we afraid of? COVID cannot spread through the lines but apparently we kind of assume so. We are confusing physical social distancing with self-inflicted isolation. This is a bad thing for the industry, for the business, for our relationships, and for ourselves… and the fix is easy: pick up the phone!
Enough said, this is the end of the post. Let me hear any comments, thus, just give me a call :o)
Fernando
Opinión: Manchadas Investiduras / Opinion: Stained Investitures
“Cuando alguien asume un cargo público debe considerarse a sí mismo como propiedad pública.”
Thomas Jefferson (1743-1826)

VERSIÓN EN ESPAÑOL / ENGLISH VERSION BELOW
Dice la enciclopedia que investidura significa “1. Acción y efecto de investir. 2. f. Carácter que se adquiere con la toma de posesión de ciertos cargos o dignidades”. No sé a Usted, pero a mí me resulta un concepto maravilloso, una idea de supremas y delicadas implicaciones. Lo que está diciéndonos esta definición es que debería existir una vinculación directa entre el carácter que exhibe una persona y el rango ostentado. En otros términos, el carácter de la persona debería elevarse a la altura del cargo y no lo contrario, lo cual sería entonces un ajuste antojadizo de la nobleza del cargo a las particularidades del individuo. Porque estamos hablando de cargos de importancia: Presidencia, Diputados, Senadores, Magistrados, Ministros, Altos Ejecutivos…
Lo anteriormente dicho, por supuesto, no implica que el ostentar un alto cargo – particularmente en lo público – signifique renunciar a “ser uno mismo” y convertirse en un “robot propiedad del Estado” o algo por el estilo. Quiere decir que hay cargos tan importantes que, tal como lo expresa Jefferson en la cita arriba mencionada, la persona como tal debería considerarse durante el tiempo que lo ejerza una propiedad pública, con las implicaciones del caso. O como le dijeron a cierto superhéroe dado a las telarañas, “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” (o se enredará en la telaraña del poder, agregamos nosotros). Es así, ser Presidente o Ministro, por ejemplo, implica escrutinio constante, control permanente del temperamento, voluntad de diálogo, altísima capacidad de escucha, respeto absoluto a la Ley. Debe haber también observancia de los canales oficiales de comunicación y de los debidos procesos, entre muchos otros requerimientos y demandas del puesto.
Sin embargo, este nuevo siglo ha empoderado como nunca al individuo en demérito del cargo. Cualquiera puede tener una cuenta en redes sociales y desde ahí, saltarse cualquier protocolo. Las consecuencias de esta política a golpes de 280 caracteres (Twitter) & similares han probado ser negativas. Estos megafonos digitales empoderan a los impulsivos, engordan a los ególatras, emborrachan de poder a los codiciosos y ciegan a los testarudos. La comunicación fluye en una vía, saltándose protocolos destinados a filtrar errores, validar datos y mejorar argumentos. Es una receta incendiaria que está dañando a la democracia y a la sociedad, pues se nos está olvidando que la persona que ostenta el cargo es temporal, que hay una institucionalidad, leyes, protocolos y procesos que deben ser respetados: son inmanentes al puesto, más allá del periodo que fulano o mengano lo ejerzan. En pocas palabras: se nos está borrando la democracia y el Estado a punta de tweets; y están quedando en vez de estas primordiales ideas solamente nombres y apellidos, líderes de papel, caudillos de pacotilla.
El culto a los personajes en cargos públicos está destruyendo sociedades
Esta enfermedad fluye del político hacia el pueblo y del pueblo hacia el político. No considero prudente que el que ostenta el cargo público use sus redes sociales personales para tratar asuntos públicos, ni tampoco considero que la sociedad deba alimentar esta práctica con “likes” y similares. Como un extraño culto, el político se “enamora” de sí mismo, y el pueblo alimenta su futil pasión. Además, los cultos son dogmáticos, y no hay espacio para preguntas o cuestionamientos. Tristemente, creo también que es utópico pensar en un cambio en el futuro próximo: los colectivos son demasiado emotivos, los egos son muy grandes y los réditos muy tentadores.
Dicho lo anterior, sirvan estas breves líneas como una señal de advertencia: deberíamos implementar algún tipo de mecanismo legal que demande el uso de procesos & canales oficiales de comunicación a los políticos en el cargo. En mi mente, preveo sistemas de inteligencia artificial en conjunto con consultores que hagan un control de calidad. Sí, un filtro que evite tanta tragicomedia, estupideces que van desde “horrores” de ortografía hasta compartir teorías de la conspiración, comparaciones insultantes y tanta otra basura. ” Supongo que sigue siendo cierto aquello de que “Errare humanum est”, pero cuando se ostentan estos cargos, hay que cuidarse un poco más, ¿no? Al final de cuentas, el cargo y sus atribuciones no le pertenecen al funcionario de turno, y el puesto es más importante que el nombre en estos casos. Hoy más que nunca, los políticos se están sirviendo del puesto para “mercadear & vender” sus nombres, cuando se supone que están al servicio del puesto y no lo contrario.
Dice además el diccionario que Carácter es “Condición dada a alguien o a algo por la dignidad que sustenta o la función que desempeña.”. Hagamos que esa condición sea precisamente así: digna del alto cargo desempeñado. Ser Presidente, Ministro, Diputado, Defensor de los Habitantes, Contralor, Magistrado y otros cargos semejantes, eso es un honor y una responsabilidad: no destruyamos la dignidad del puesto y las bases de la democracia a punto de egos rechonchos, falacias engañosas, ignorancia empoderada y lenguas emponzoñadas.
Damas y caballeros, en conclusión, tengamos todos un poco más de formalidad, protocolo y corrección, por favor.
Fernando
ENGLISH VERSION BELOW / VERSIÓN EN ESPAÑOL ARRIBA
“When a man assumes a public trust he should consider himself a public property.”
THOMAS JEFFERSON (1743-1826)
The encyclopedia says that investiture means “1. Action and effect of investing. 2. f. Character that is acquired with the taking of possession of certain positions or dignities ”. I don’t know about you, but I find it a wonderful concept, an idea with supreme & delicate implications. What this definition is telling us is that there should be a direct link between the character a person exhibits and the rank he or she holds. In other words, the character of the person should rise to the position and not the opposite, which would then be a whimsical adjustment of the nobility of the role to the characteristics of the individual. Because we are talking about positions of importance: Presidency, Senators, Magistrates, Secretaries, Senior Executives …
The aforementioned, of course, does not imply that holding high office – particularly in the public sphere – is a synonym of giving up “being yourself” and becoming a “state-owned robot” or something like that. It means that there are positions so important that, as Jefferson puts it, the person as such should be considered during the time they exert it a public property, with the implications of the case. Or as they told a wall-climbing superhero, “with great power comes great responsibility.” Thus, being President, for example, implies constant scrutiny, permanent control of temperament, willingness to dialogue, the highest capacity to listen, absolute respect for the Law. There must also be observance of the official communication channels and the due processes, among many other requirements and demands of the position.
However, this new century has empowered the individual in demerit of office as never before. Anyone can have an account on social networks and from there, skip any protocol. The consequences of this policy in 280-character hits (Twitter) & the like have proven negative: these digital megaphones empower the impulsive, fatten the egotistical, make the greedy drunk with power, and blind the stubborn. Communication flows in one way, bypassing protocols designed to filter errors, validate data, and improve arguments. It is an incendiary recipe that is damaging democracy and society, because we are forgetting that the person who holds the position is temporary, that there is an institutional framework, laws, protocols and processes that must be respected: they are immanent to the position; regardless the period that anyone holds the chair. In short: democracy and the state are being erased by tweets; and instead of these primordial ideas only names and surnames are remaining.
The cult to personalities in public office is destroying societies
This disease flows from the politician to the people and from the people to the politician. I do not consider it prudent for those who hold public office to use their personal social networks to deal with public affairs, nor do I consider that society should feed this practice with “likes”. Like a strange cult, the politician “falls in love” with himself, and the people feed his futile passion. And cults are dogmatic: there is no space to ask or challenge – its a blank check to the man holding the chair. Sadly, I also think that it is Utopian to think of a change in the near future: collectives are way too emotive, the egos are very large and the returns very tempting.
That said, may these brief lines serve as a warning signal: we should put in place some kind of legal mechanism that demands the use of official communication processes & channels from politicians in office. In my mind, I envision artificial intelligence systems in conjunction with consultants doing quality control. Yes, a filter that avoids so much tragicomedy, stupidities ranging from spelling “horrors” to sharing conspiracy theories, insulting comparisons and so many other bloopers. “I suppose it is still true that “Errare humanum est “, but when these positions are held, you have to be a little more careful, shouldn´t you? Bottomline, the “chair” & its attributes do not belong to the person sitting, and it is more important than him/her. Today like in no other time in history, politicians are using the office to “market & sell” their name: shouldn´t be the case, they are supposed to serve their role, and not to be served through it.
The dictionary also says that Character is the “Condition given to someone or something due to the dignity it supports or the function it performs.” Let us rise the condition to the dignity of the role and be worthy of the high position held. Being President, Secretary, Senator, Magistrate and similar is an honor and a responsibility: let´s not destroy the dignity of the office and the foundations of democracy to the march of chubby egos, deceptive fallacies, empowered ignorance and poisoned tongues.
Ladies & Gentlemen, in conclusion, let us have a little bit more formality, elegance and correction, please.
Fernando
Photo by Sharon McCutcheon on Unsplash
NASA nuestra que estás en los cielos… / Our NASA, who art in heaven…

VERSION EN ESPAÑOL / ENGLISH VERSION BELOW
“Hay que soñar el porvenir, desearlo, crearlo. Hay que sacarlo del alma de las actuales generaciones con todo el oro que allí acumuló el pasado, con toda la vehemente ansiedad de creación de las grandes obras de hombres y pueblos“. Omar Dengo Guerrero, educador costarricense.
He creído captar últimamente un interesante fenómeno. El mismo se presenta particularmente en cierto grupo social: adolescentes y pre-adolescentes de las clases media y alta. Se evidencia como una clara tendencia en el vestir: es una moda. Pero lo interesante es que, si mis limitadas entendederas no me están engañando (no tengo evidencia sólida, lo mío es más bien una percepción, una lectura personal de esa tendencia), detrás de esta moda hay todo un anhelo, una ideología, una esperanza mal disfrazada entre disparos de cohetes y cápsulas espaciales. Me refiero a la creciente tendencia juvenil por utilizar blusas, camisas, gorras y otros aditamentos con el logo de la NASA: entre más grande y vistoso el ícono, pues mejor. Vamos a ver si puedo explicarme mejor a continuación.
Bueno, lo que creo advertir, más allá de modas y pasarelas, es un secreto anhelo. Postulo que este logo es verdaderamente sinónimo de una nueva “fe” marcada por valores humanistas y aventureros. A través de la prenda, se está diciendo “yo creo”. “Creo en la ciencia”. “Creo en el futuro”. “Creo en la exploración y en aventurarnos de lleno en el mañana”. Es esperanza impulsada por cohetes. Son sueños pregonados por astronautas.
Ahora bien, creo importante aclarar que esta tendencia pues no es nada nuevo. Las antiguas glorias del programa Apolo ya habían sembrado fértiles semillas. Sin embargo, la cancelación prematura de los viajes lunares, aunado al cierre del programa del transbordador espacial en los 90s tiraron por la borda mucho de lo andado. No es sino hasta ahora que, con el regreso de los lanzamientos tripulados desde Cabo Cañaveral y las “locuras” de Elon Musk & SpaceX (¿Cápsulas Dragon? ¿Cohetes que regresan y se posan en la Tierra a lo Flash Gordon? ¿Marte en 10 años? ¿Internet global a través de miles de satélites (Skylink)?) es que ha regresado la “fiebre” espacial.
Creo también advertir en la alzada de esta novel ideología el desgaste de otras muchas. Me refiero a toda una variedad de creencias, tanto políticas, así como religiosas y sociales. La pandemia del COVID-19 no ha hecho sino acelerar esta erosión en creencias que van desde la democracia, pasando por lo religioso y hasta económicas & financieras. Y está en la naturaleza humana el llenar los vacíos: necesitamos creer en algo. A pesar de lo que expresa Harari en “XXI Lecciones para el Siglo XXI”, creer está en nuestro más íntimo ser – necesitamos una historia, un cuento, una trama que dé sentido al mundo y nuestro papel en el mismo. Somos razón y sentimiento: es un asunto biológico patente en nuestros dos hemisferios cerebrales. Y las historias no son más que sentimientos condensados.
Pienso además que este anhelo de ir a otros mundos y viajar a las estrellas es mejor que muchos otros: nos unifica como especie, nos impone una meta ambiciosa y conjunta, nos contextualiza ante la inmensidad del cosmos. Creo que sí de escoger ideologías se trata, aspirar a viajar todos en el “Enterprise” no está para nada mal.
Quisiera cerrar diciendo que puedo estar equivocado y que las insignes camisetas con el inconfundible logo “NASA”; orgullosamente lucidas por esos juveniles torsos, pues son solo fetiches vacíos. Tal vez son solo la última invención de modistos y costureras. Pero no es eso lo que pienso. O quizás debería decir, no es eso lo que creo… ni lo que quiero creer.
Entonces… ¡Al infinito y más allá!
Fernando
PS: quisiera cerrar compartiendo una canción que viene a mi mente mientras escribo estas líneas. Los dejo con “Dancing in the Dark”, del “Boss”, Bruce Springsteen. La letra más abajo…
ENGLISH VERSION / VERSION EN ESPAÑOL ARRIBA
I believe to have sensed lately an interesting phenomenon. It occurs particularly in a certain social group: adolescents and pre-adolescents of the middle and upper classes. It makes itself evident as a clear trend in clothing: it is a fashion. But the interesting thing is that, if my limited understandings are not deceiving me (I don’t have solid evidence, mine is more of a perception, a personal reading of that trend), behind this fashion there is a whole desire, an ideology, a hope poorly disguised between rocket fires and space capsules. I’m referring to the trend to use blouses, shirts, hats and other accessories with the NASA logo: the bigger and more colorful the icon, the better. Let’s see if I can explain myself better.
Well, what I think I seize, beyond fashions and catwalks, is a secret longing. I postulate that this logo is truly synonymous with a new “faith” marked by humanistic and adventurous values. Through the garment, “I believe” is being stated. “I believe in science”. “I believe in the future”. “I believe in exploring and venturing fully into tomorrow”. It’s rocket-powered hope. These are dreams trumpeted by astronauts.
Now, I think it’s important to clarify that this trend is nothing new. The ancient glories of the Apollo program had already sown fertile seeds. However, the premature cancellation of lunar exploration, coupled with the closure of the space shuttle program in the 1990s, threw away much of what had been done. It is not until now that, with the return of manned launches from Cape Canaveral and Elon Musk´s & SpaceX “craziness” (Dragon Capsules? Rockets that return & land on Earth a la Flash Gordon? Mars in 10 years? Satellite-powered global internet with Skylink?) is that the space “fever” has returned.
I also see in the rise of this so-called space ideology the wear and tear of many others: a whole variety of beliefs, from the political to the social and the religious. The COVID-19 pandemic has only accelerated the erosion, with examples ranging from democracy, through religions to economical & financial gospels. And it’s just human nature to fill in the gaps: we don´t like voids, we need to believe in something. Despite what Harari expresses in “XXI Lessons for the XXI Century”, believing is in our most intimate being – we need a story, a tale, a plot that gives meaning to the world and our role in it. We are reason and feeling: it is a patent biological feature, expressed in our two cerebral hemispheres. And stories are nothing but condensed feelings.
I also think that this desire to reach other worlds, to travel to the stars, is better than many others: it unifies us as a species, imposes an ambitious and joint goal on us, contextualizes Humanity in the face of the vastness of the cosmos. If you ask me, in the need of choosing ideologies, aspiring for all of us to travel in the “Enterprise” is not a bad call at all.
I would like to close by saying that I could be all wrong and that these noticeable t-shirts with the unmistakable “NASA” logo; proudly worn by those youthful torsos, are just empty fetishes. Perhaps they are just the latest invention of dressmakers and the fashion world. But that’s not what I think. Or maybe I should say, that’s not what I believe … nor what I want to believe.
Thus… to infinity and beyond!
Fernando
PS: I want to close with a song that comes to my mind when writing this post: the “Boss” himself, Bruce Springsteen, with “Dancing in the Dark”.
DANCING IN THE DARK – B. Springsteen
I get up in the evenin’
And I ain’t got nothin’ to say
I come home in the mornin’
I go to bed feelin’ the same way
I ain’t nothin’ but tired
Man, I’m just tired and bored with myself
Hey there, baby, I could use just a little help
You can’t start a fire
You can’t start a fire without a spark
This gun’s for hire
Even if we’re just dancin’ in the dark
Messages keeps gettin’ clearer
Radio’s on and I’m movin’ ’round my place
I check my look in the mirror
Wanna change my clothes, my hair, my face
Man, I ain’t gettin’ nowhere
I’m just livin’ in a dump like this
There’s somethin’ happenin’ somewhere
Baby, I just know that there is
You can’t start a fire
You can’t start a fire without a spark
This gun’s for hire
Even if we’re just dancin’ in the dark
You sit around gettin’ older
There’s a joke here somewhere and it’s on me
I’ll shake this world off my shoulders
Come on, baby, this laugh’s on me
Stay on the streets of this town
And they’ll be carvin’ you up alright
They say you gotta stay hungry
Hey baby, I’m just about starvin’ tonight
I’m dyin’ for some action
I’m sick of sittin’ ’round here tryin’ to write this book
I need a love reaction
Come on now, baby, gimme just one look
You can’t start a fire
Sittin’ ’round cryin’ over a broken heart
This gun’s for hire
Even if we’re just dancin’ in the dark
You can’t start a fire
Worryin’ about your little world fallin’ apart
This gun’s for hire
Even if we’re just dancin’ in the dark
Even if we’re just dancin’ in the dark
Even if we’re just dancin’ in the dark
Even if we’re just dancin’ in the dark
Hey baby
Dancing In the Dark – Introduction lyrics © Universal Music Publishing Group
Valiosos, Variados y Vitales: VECINOS, Oda a lo cercano.

Partiendo de que “los amigos son la familia que escogemos”, pues entonces los vecinos tienen clara ventaja para integrarse a nuestras íntimas “comunidades del anillo”. ¿Por qué es esto así? La respuesta es obvia: su máxima cercanía para con nosotros maximiza la oportunidad de interactuar. O para decirlo más sencilla & redundantemente: por su vecindad. Porque, y siguiendo con los refranes, “mejor pájaro en mano que cien volando”. Mejor aún, sazonemos el refrán con el sabor de los tiempos que corren: “mejor humano en mano que cien teleconferenciando”. Lean ustedes como se ha dado esto en mi micro-mundo a continuación.
Bueno, supongo que no le cuento nada nuevo si afirmo que la cuarentena asociada a la crisis global del COVID-19 cambió la dinámica en todas partes. El barrio donde habito no es la excepción. Se hizo evidente el valor inherente del vecino, quien en otras circunstancias nos era solo un desconocido al cual si acaso le dedicábamos un forzado y displicente “buenos días”. Este columnista se ha acercado a sus vecinos y ellos a nosotros. Nos hemos unido, asociado, en última instancia, nos hemos hecho más “humanos”, desapareciendo ese extraño velo del “anónimo” tejido con frios y protocolarios “buenos días y punto final”. En un marcadísimo contraste, las barreras físicas (distancia social, mascarillas, etc.) se han reforzado; pero las barreras mentales han caído.
Todo empezó transcurridos uno o dos meses de la cuarentena. En medio de la época más caliente del año, nos “asábamos” en casa, encerrados día y noche, sitiados por el virus. Una mañana, mientras “matábamos” el tiempo en el jardín, escuché una voz al otro lado de la cerca. Era mi vecino, quien me ofrecía espontáneamente una cerveza fría. Sí, así no más, solo porque sí. O mejor dicho, ¿por qué no? Fue un instante esclarecedor, una epifanía, un “eureka” con sabor a (sabrosa y helada) malta. “Caramba, esta gente está pasando por lo mismo que nosotros y están aquí, pero aquí no más a nuestro lado. Cuánto tenemos en común, cuánto podemos apoyarnos.” Cura de soledades y ermitaños forzados, la relación humana se ha estrechado a dos metros de distancia. Ese fue el detonante de muchos otros “eurekas” con otras familias del barrio, las cuales ahora nos servimos de red de apoyo, recordándonos con solo un saludo (ahora sí, sentido, real, a los ojos) que “somos de los mismos”, que estamos en la misma refriega y que combatimos a un enemigo invisible motivados por los mismos motivos vitales: hijos, sueños, anhelos y esperanzas. Se ha hecho evidente el valor de conocer al vecino y de poder confiar en esas familias a unos pasos a distancia. Son soporte inmediato y cercano en caso de emergencias, urgencias y necesidades. Y en los tiempos que corren, representan buena parte de lo que nos queda de “normalidad”, de humanidad, de genuina interacción.
Lamentablemente, debo reconocer que siempre hay sus excepciones y todos hemos tenido o tenemos un vecino incómodo. Pero bueno, la convivencia exige amoldarse y alzar la bandera de la tolerancia: “el respeto al derecho ajeno es la paz”, nos enseñó un prócer mexicano ya hace un “tiempito”. En fin, suficiente de refranes, reflexiones e intrincadas disquiciones, que me está esperando mi buen amigo, mi vecino.
¡Salud!
Fernando
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