La Calidad de Nuestras Preguntas/ The Quality of our Questions

VERSION EN ESPAÑOL / ENGLISH VERSION BELOW
Leí recientemente un comentario – más bien una cita, un aforismo – del señor Peter Diamandis. Nos dice Diamandis que en el futuro lo más importante no será “lo que sabes” sino la “calidad de las preguntas que hacemos”. Es verdad. La tecnología nos está llevando a un mundo donde pronto tendremos asistentes virtuales a nuestra disposición, siempre conectados a la internet: el “JARVIS” de IronMan se hará realidad. Los datos, la información, las noticias, en fin, “todo” estará al alcance de nuestras consultas (posiblemente verbales).
Por qué las preguntas son cruciales
Lo anterior suena traicioneramente genial: fácil y conveniente. Pero el diablo está en los detalles. Y es que el viejo adagio “basura entra, basura sale” aplica como nunca antes en la historia. Porque Google da respuestas pero no hace control de calidad de las búsquedas (más allá de la ortografía). Y esto solo será más y más válido en el futuro cuando tengamos a “JARVIS” con nosotros. A lo que voy es que si la pregunta es ambigua, tendenciosa o simplemente absurda, pues obtendremos una respuesta ambigua, tendenciosa o llanamente absurda. Es por esa razón que la calidad de las preguntas es asunto fundamental. Siendo así las cosas, saltan a la vista dos cuestionamientos adicionales: 1) Qué es una buena pregunta (léase una pregunta de alta calidad) y 2) Cómo se hace una buena pregunta. Veamos de manera resumida ambos puntos.
Qué es una buena pregunta
So riesgo de caer en una redundancia, diremos que… ¡esa sí es una buena pregunta! :o) Pues bien, una pregunta de alta calidad es aquella que nos dirige, nos empuja, nos acerca hacia la respuesta correcta. La pregunta correcta es por sí misma más de la mitad del camino hacia la verdad, hacia los hechos. Las buenas preguntas tienen una serie de características, entre ellas:
- Es relevante: es decir, tiene que ver directamente con el tema en cuestión.
- Es clara: las buenas preguntas no son ambiguas, sino que permiten una única interpretación.
- Es concisa: una pregunta de calidad presenta solo las palabras necesarias para hacer la interrogante… y nada más. Cualquier otra información se omite: brevedad es virtud divina.
- Tiene un propósito definido: una buena pregunta busca añadir valor. Si la pregunta no persigue una meta válida y congruente con el tema de conversación, probablemente está de más.
- Es una guía pero no un sesgo: una buena pregunta, como mencionamos anteriormente, impulsa hacia la respuesta, pero no por eso constriñe las ideas.
- Estimula el pensamiento: las preguntas retóricas, aquellas cuya respuesta es evidente no son las mejores. En la mayoría de los casos, es mejor evitarlas del todo. Se trata de pensar y buscar la verdad.
- Tienen un solo enfoque: las mejores preguntas nos impelen desde una sola dimensión: el qué, el cuándo, el cómo, el por qué, el para qué, el quién, pero no mezclan dos o más de estos paramétros a menos que sea absolutamente indispensable. Esto permite un enfoque pleno.
Cómo hacer buenas preguntas
La anterior lista de características nos deja en una muy buena posición a la hora de hacer nuestras preguntas. Sin embargo, quisiera agregar que hay otros elementos a considerar. Para hacer una buena pregunta, es necesario considerar el “timing”, el momento en que se realiza: hay preguntas esenciales que mutan en absurdos bajo algunas circunstancias. Asimismo, en qué circunstancias se interroga es importante (por ejemplo, hay que considera el estado emocional del interlocutor y la cantidad de “ruido” en el ambiente). Leer es siempre una buena idea: estimula nuestras mentes y las prepara para pensar.
Y antes de interrogar(se), siempre es buena idea el hacer un repaso de mi posición personal (expectativas, ideología, creencias) sobre el tema en cuestión, para hacer una sanísima autocrítica: ¿mi pregunta está sesgada? (“weighted question“) ¿Aceptaré la respuesta aunque no me guste lo que voy a oír? ¿Desde qué posición estoy partiendo? ¿Qué evidencia, argumentos y supuestos hay detrás de todo esto?
Finalmente, nunca está de más el solicitar un “acuse de recibo” de la pregunta: ¿qué fue lo que se comprendió? ¿hay dudas? ¿estamos claros?
Una brevísima conclusión
En este nuevo siglo, donde cada uno de nosotros se ha convertido en un “medio de comunicación” a través de las redes sociales y donde las opiniones sobran, la calidad de las preguntas – incluyendo las que nos hacemos a nosotros mismos – es fundamental. Aprender a interrogar – y ante todo, a interrogarnos – es un faro de luz que nos orienta hacia el puerto de la verdad. A contrapelo, las “malas preguntas” nos harán presa de sesgos & falacias, mentalidades cerradas y necias ideologías: engañados y auto-engañados, náufragos en un mar de datos.
Y bueno, para cerrar, quizás no me lo están preguntando, pero creo firmemente que el primer paso para todo esto – para mejores preguntas y para una mejor vida en general – es fomentar nuestra humildad. Se vale equivocarse. Está bien ignorar algo. Y se vale preguntar.
Un abrazo,
Fernando

ENGLISH VERSION / VERSION EN ESPAÑOL MAS ARRIBA
I recently read a comment – not a comment, more of a quote – by the famous Peter Diamandis. Mr. Diamandis says that “in the future, it will not be about “what you know” but “the quality of the questions you ask” that will be most important”. It is true. Tech is driving us to a world where we will have personal digital assistants all the time with us: the “JARVIS” of IronMan is coming soon. Data, info, news, “everything” will be at our fingertips (to be more exact, waiting for our verbal orders).
Why are questions so crucial
The aforementioned sounds too good to be true. Indeed. The devil is in the details, because the old saying “garbage in, garbage out” will be more relevant than ever. I mean, Google gives you answers but does not performs an analysis or QA of your questions. That is up to us. If the question is ambiguous, biased or plainly absurd then we will get an ambiguous, biased or absurd answer. So that´s why the quality of the questions is cornerstone- Being that the case, two subsequent questions arise: 1) What is a good question y 2) How to make a good question. Let´s briefly explore both points.
What is a good question
Now… that is a good question! :o) Well, a good question is the one that drives, pushes, leans us toward the correct answer. The right question is more than half the way towards the truth, towards the facts. Good questions have a series of characteristics:
- They are relevant: they are related directly to the topic at hands.
- They are clear: good questions have no ambiguity, but translate into unique interpretation.
- They are concise: good questions avoid jargon and unnecessary wording. They present just the right words and nothing else. Brevity is a virtue of the Gods.
- They are purposeful: good questions seek a goal. Good questions look to add value. If the question is not valid and congruent with to the topic, probably we can dismiss it.
- Good questions guide, but do not lead: a good question indeed guides us toward the correct answer, but is not a cage imprisoning the respondent.
- Good questions stimulate thought: rhetorical questions, questions with evident answers are normally not necessary. Questioning is about thinking, analyzing, elaborating , not so much about the obvious.
- They are unidimensional: the best questions guide us toward a “how”, “why”, “what”, “when”, “who”, “what for”, but do not mix these dimensions. In this way, laser focus is obtained.
How to make good questions
The prior list leaves us in a good position to raise our hands and make our questions. Still, there are a couple points to comment. First of all, we must consider timing when making our questions. Many key questions mutate into aberrations or absurdities when done at the wrong moment. Morever, the context and circumstances are relevant: for example, the emotional condition of the recipient. Reading is always a good idea: it promotes our ability to think, preparing ourselves to generate better questions.
And before asking, It is always a great idea to to a self assessment of my own personal position on the topic at hands: my expectations, my sensibility, my ideology, my beliefs. This self criticism exercise is crucial: am I making a weighted question? Can I handle the truth, even if I dont like it? Where am I coming from about this? What evidence, arguments, assumptions apply?
Finally, it is always a good idea to request a proofing, an acknowledgment of the question: what was the conveyed message? Doubts, comments?
A brief conclusion
In this not-so-new century, where each of us has become a new “communications medium” through social networks and when opinions surge everywhere on every topic, the quality of our questions is fundamental. To learn to ask, and especially to ask ourselves – is a lighthouse that guides us toward the truth. Contrary-wise, the wrong questions will make us prey of biases & fallacies, closed mentalities and stubborn ideologies: we´ll become castaways in an ocean of data.
As an ending: you may not be asking me, but personally, I truly believe that the first step to all of this – and to a better life – is to work in our humility, surrendering our egos. It´s okay to be mistaken. It is okay to ignore. It is okay to ask.
Warm regards,
Fernando
Fuentes/Sources:
Photo by Jon Tyson on Unsplash
Photo by Camylla Battani on Unsplash
El recurso más escaso (y valioso) del mundo / World´s scarcest (and most valuable) resource

VERSIÓN EN ESPAÑOL / ENGLISH VERSION BELOW
No, no es el petróleo. El “fracking” y el advenimiento de la era eléctrica del transporte y las energías renovables así lo confirman – la era del “oro negro” terminará pronto y no por falta de petróleo, así como la Edad de Piedra terminó y no por falta de “insumos”. Tampoco es la información: por lo contrario, esta nos satura día a día. No es el dinero: ciertamente, está muy pero muy mal repartido – pregúntele al infame del “Sr. Gini” – pero recursos financieros los hay hoy en día como nunca en la historia. Ni lo es el agua potable: escasea por su variabilidad y distribución mundial, pero las nuevas tecnologías de des-salinización y potabilización prometen soluciones a mediano término. Ni siquiera es el tiempo, el cual desperdiciamos a raudales.
Pero, ¿y entonces? ¿Cuál es entonces ese limitadísimo y valioso recurso? Pues ya entrado el siglo XXI, está más que claro que, al menos para la parte de la Humanidad que habita en los Niveles III y IV de desarrollo trazados por H. Rosling (aquellos de nosotros que tenemos cubiertas nuestras necesidades básicas), el recurso más escaso, más precioso, más difícil de gestionar y proteger es la atención humana (“undivided attention”, dicen los angloparlantes). Nunca como ahora se nos ha hecho tan difícil el enfocarnos en una sola cosa. A la Humanidad le resulta imposible hacer una sola cosa a la vez. Llevamos esto a límites ridículos, extremos, absurdos. Mire a su alrededor. Tal vez está en un restaurante. La gente ya no puede esperar por su café mirando por la ventana: hay que ver el celular. No se hablan unos a los otros: los grupos comparten mesa pero cada quien está cabizbajo mirando el “iPhone” como si le rezaran a San Zuckerberg, santo patrono de los despistados. Tampoco podemos ver la TV tranquilos: Instagram nos grita y nos distrae. Hasta caminamos viendo el aparatito – los accidentes y hasta las señales de tránsito para peatones distraídos son ya anecdóticas. Válgame Dios, es que no podemos ni siquiera defecar en paz – perdón pero así es – porque se nos “enfría” el último mensajito de Whatsapp mientras a su vez calentamos el inodoro con las posaderas: termodinámica pura supongo…
Usted me podría argumentar que bueno, que eso está bien porque al fin y al cabo… ¿qué importa? “Mire Fernando, no le estoy haciendo daño a nadie, así que no moleste, estoy viendo mi Instagram. Y además… “it´s evolution, baby“: por ahí va la cosa así que más bien hay que adaptarse a los nuevos tiempos. Siento ser el mensajero de la cruda verdad: eso es falso. Sí, sí nos estamos haciendo daño. Y mucho. Muchísimo. Veamos por qué:
- Porque dañamos las relaciones con quienes nos son más cercanos. Así es: por alguna razón le damos preferencia al prójimo ausente en demérito del que está a nuestro lado. Siendo seres físicos, nos estamos desconectando de nuestra integralidad, dañando de paso la cruda naturaleza de nuestras relaciones sociales.
- Sobre-saturación (“overload”) de estímulos: demasiados anuncios, demasiadas actualizaciones, sobrecarga de “likes”, de descargas, programas, pantallas, notificaciones, mensajes, chats, correos, ventanas, aplicaciones, contactos… Es demasiado: somos seres humanos, no laptops o servidores (irónicamente, parece que últmimamente nos hemos convertido en sus siervos). Hay que aprender a decir “es suficiente” – la tecnología evoluciona más rápido que nuestras capacidades. Gestionar su uso adaptado a nuestro humano ritmo es lo procedente.
- Ceguera cognitiva: la distracción en que caemos con las redes sociales y los celulares generan otro problemita: nos roban el limítadisimo enfoque del que es capaz nuestra mente. Por revisar el Whatsapp, perdemos la capacidad de notar lo sutil, lo novedoso en nuestro entorno y en ocasiones, hasta de lo más evidente (algo así como cuando no nos percatamos de que dejamos las llaves del auto por fijar la atención en las de la casa). Y ni hablar de entrar en “la zona” (M. Csikszentmihalyi, en inglés, “flow“): ese estado “mágico” de máximo disfrute y productividad se vuelve una imposibilidad al estar nuestra atención saltando de tema en tema, del celular a la mesa a la TV al trabajo a la comida a YouTube y así ad infinitum.

Nuestros cerebros, nuestras mentes no están hechas para la multi-tarea, en spanglish, el “multitasking”. Un ejemplo: mire Ud. un noticiero de una cadena reconocida (imagen arriba). Ahora no basta con el periodista presentando las noticias: además de eso, tenemos que procesar sendos letreros superpuestos, el “cintillo” inferior con comentarios y para rematar, carteleras de noticias corriendo cual caballos a todo galope brindando noticias y valores de acciones… ¡en ocasiones tanto arriba como abajo de la pantalla! Despues de un breve rato viendo esa debacle, el que termina como equino cansado es el televidente. Más aún, temo por lo que viene: los anteojos y visores VR, los lentes de contacto “smart” y los implantes a nivel cerebral (“Neuralink” de E. Musk y otros) no están lejos, y entonces nos superpondrán (¿impondremos?) una capa ficticia sobre la realidad, un mundo virtual en el cual ahora sí perderemos el control sobre a qué debemos prestarle atención. Ya es suficientemente molesto manejar las notificaciones de nuevos correos, mensajitos y anuncios en el teléfono. Imagínese eso superpuesto en su campo completo de visión, por no mencionar el que se le “inyecte” directamente en su cerebro, en su psique. Se abre entonces toda una nueva y oscura acepción para el término “neuromarketing”, por no entrar en escenarios de – todavía- ciencia ficción (“Total Recall”, “Matrix”)…
Tal parece que además de los diferentes calificativos aplicados a nuestra Sociedad en variados ensayos – “de la Información” (P. Drucker), “del Espectáculo” (V. Llosa), “del Cansancio” (Han), “del Consumo”, “Líquida” (Bauman) – habrá que añadir el calificativo de “Sociedad del Desenfoque” o “Sociedad del Zapping”: por estar atendiéndolo todo, no estamos concentrados en NADA.
Dato curioso: ¿sabía Usted que si bien la vista humana tiene un alcance máximo de 120 grados-arco, la resolución óptima – en donde realmente enfocamos la atención – se limita a 2 grados? Eso es el equivalente a unas cinco palabras en una hoja a 50cm del ojo. Es decir, más o menos lo que abarca la pantalla del celular en su mano. Todo lo demás – EL MUNDO – está distorsionado, fuera de foco, inintelegible… tanto para su vista como para su cognición.
Al final, el problema radica en nuestra falta de control personal: nuestra incapacidad de administrar nuestros impulsos, nuestro desenfrenado apetito cerebral por la cortisona, por la “información”. La urgencia por estar informados sobre “lo último”, esa hambre por “la inmediatez”, por “estar al día” con todas estas notificaciones está enfermándonos pues lo que no tiene ninguna importancia se nos “vende” como urgente y se está tragando todo el espacio para lo vital, para lo que requiere nuestro enfoque, para nuestra familia, amigos, nuestro sano esparcimiento, nuestra desconexión. No es algo intrínsecamente malo el tener redes sociales o un teléfono inteligente. Lo que está muy mal es que se inviertan los papeles y estos artilugios sean nuestros dueños. Reclamemos lo que es nuestro: nuestra atención, nuestro tiempo, nuestras vidas.
Aprovechemos estos días libres para disfrutar un baño de naturaleza, un “Shinrin –Yoku“. Re-aprendamos a hacer una cosa a la vez: a actuar con la plenitud de nuestros seres, dedicando la totalidad de nuestra atención. Entonces, no se diga más, bajemos el celular y alcemos la mirada: dejemos de rezarle a San Zuckerberg. Entreguemonos al momento. “Cierra la pantalla”, como suena una canción de moda. Leamos con absoluta atención. Si estamos laborando, pues trabajemos con entrega. Veamos una película sumergidos en la trama, escuchemos música navegando en cada nota, corramos entregando el alma, pensemos con abstracción total, respiremos despacio y profundamente, aburrámonos mortalmente, abracemos intensamente, besemos con pasión, comamos saboreando cada bocado, bebamos con gusto pleno (la bebida en cuestión para Fin de Año queda a discreción del amable lector). Las mejores cosas de la vida son el resultado precisamente de esos momentos de entrega total… una cosa a la vez.
Enfoquémonos pues en lo importante, pero ENFOQUEMONOS. Bendiciones, felices fiestas.
Fernando
ENGLISH VERSION / VERSIÓN EN ESPAÑOL MÁS ARRIBA

No, it is not oil: so-called “fracking” and the upcoming eras of electrical transportation and renewable energies confirm it. The Stone Age ended not due to lack of “inputs”, and the Oil Age won´t finish as per lack of petroleum in the ground. Neither it is information: au contraire, we are submerged in data and info day by day. It is not money: it is indeed terribly distributed – ask despicable “Mr. Gini” on that – but economics/finance resources are in a max point. It is drinking water: again, its geo-distribution is lowsy and peak-lows are extremes, but new techs on desalination and potability promise solutions on the mid term. It´s not even time itself, which we absurdly waste, taking things for granted.
But then… what is the name of that valuable, most limited resource? Well, in the XXI century, and at least for the part of Humanity living on Levels III and IV of economical development as per H. Rosling (those of us who have their basic necessities well covered), the scarcest, most difficult to attain and protect, and in Gollum´s words, most “precious” resource is undivided human attention. Never in history has it been so difficult for us to do a single thing at a time. Look around you: perhaps you are in restaurant, coffee shop or pub. People no longer wait for their coffee looking through the window or to one another: we must see the cell phone. We don´t talk, we just bend our heads in a prayer to Saint Zuckerberg, holy patron of all “zuckers”. We cannot watch the TV (or YouTube): Instagram yells for our attention. We even drive and walk watching these things – accidents and even transit signs for distracted pedestrians are now a collection of anecdotes. Alas! We cant even go for a “number 2” in peace, God forbid the Whatsapp messages to cool down in the little screen while at the same time the toilet warms through our “rearguard”: pure thermodynamics, I guess…
Now you could argue that all this is okay because, at the end of the day, who cares? Meaning: “Look Fernando, I am not making harm to anyone, thus please stop the whining. Furthermore, “its evolution baby”, this is the right and real way things should derive into”. I hate to be the carrier of bitter news: that is not true. Yes, we are harming ourselves and our kin. A lot. Why? Because:
- Because we harm our relationships with the ones closest to us. For some reason, we tend to prefer contact with the ones on the phone, putting on a secondary level the ones at our side. Since we are physical beings, this is disconnecting us with our wholeness, hampering our real world social networks, our relationships, our face to face daily interactions with friends and family.
- Stimuli overload: too much publicity, too many updates, overload of “likes”, downloads, apps, emails, chats, windows, contacts, calls, flags, tasks… Its just too much, we are human beings, we are not “routers” or servers (ironically, lately it looks like we have become servants to them). We need to learn to say “its enough”. Tech is evolving faster than our capacities. We must adapt its usage to our human cycles.
- Cognitive blindness: the distraction due to social networks and smartphones causes another issue. These things steal the limited focus our minds are capable of. The vicious need of checking Whatsapp implies loosing the capacity of noticing the subtle, the novelty and even the evident in our lives (in the same way that we cannot see the lost key cars next to the house keys we were so angst to find). And lets not even talk about flow (M. Csikszentmihalyi): that “magical” status of pure joy and max productivity becomes an impossibility when we keep jumping from topic to topic, when our attention shifts from the cell to the table to the TV to work to food to YouTube… ad infinitum.

Our brains & minds are not meant for multitasking. Check out the example above from an international cable news channel (example above). So now it is not just about the journalist presenting news, we need to deal with announcements, graphs, clarification/context notes and even banners running breaking-news and updates like horses at full speed…. sometimes above and below the screen in opposite directions! After a short time watching all this, the one left feeling like an exhausted colt is the spectator. Moreover, I fear for the upcoming media: VR visors, smart contact lenses and even direct implants in our brain (“Neuralink” by E. Musk and other) are not far. When that time comes, a new fictitious layer will be imposed over reality, a virtual world where we will loose our ability and right to choose what to focus on. It is now annoying enough to keep “up to date” with all the flags in our phones. Imagine that in your complete eye-span, not to mention flags and announcements directly implanted in your neuro-cortex, in your mind. This opens a window to a new dark era or neuromarketing”, not to mention stuff like “Total Recall” or “Matrix”.
Looks like besides the variety of adjectives already used to describe our world – “Information Society” (P. Drucker), “Entertainment Society” (V. Llosa), “Burnout Society” (Han), “Consumer Society”, “Liquid Modernity” (Bauman) – we will need to add “Society of Zapping”: due to shifting and watching everying, we focus in nothing.
Curious fact: do you know that in spite of human vision being capable of a span equivalent to 120 arc-degrees, max resolution – where we actually put our attention – is limited to just 2 degrees? That is the equivalent to 5 words at 50cms from your eyes. In other words, your cell phone. Everything else – THE WORLD – is out of focus, unintelligible, distorted… both to your sight and to your cognition.
Bottomline, the root cause of the problem is our inability to manage ourselves. It is our lack of control, our never ending appetite for stimuli and our cerebral appetite for cortisone. The false urgency for the latest is making us sick. What has no importance is “sold” to us as urgent, leaving no space for what truly should matter: family, friends, health time off. “Smartphone” or “social network” are not necessarily synonyms to “evil”, but what is certainly a perversion is for us to be owned by those things. Let us claim what is ours: our attention, our time, our lives.

Lets use these free days to truly enjoy and get healed by nature: lets do a “Shinrin –Yoku“. We must re-learn to do a single thing at a time: lets act with the complete wholeness of our beings, with the entire devotion of our mind. Thus, say no more: put down the cell phone and stop praying to Saint Zuckerberg. Lets read with absolute attention, lets watch a movie submerged in the plot, lets listen to music riding each note, lets run like its the last race of our lives, lets think with the absolute abstraction of our mind, lets take a deep, slow, absolute breath, lets get mortally bored, lets truly hug someone, lets kiss with passion, lets eat savoring each bite lets drink with pleasure (beverage of choice for EOY party to be defined by the kind reader). The best of life is the result of those intense moments when we do one thing at a time.
Thus, lets focus in the important stuff, but lets do FOCUS. All the best, happy holidays.
Fernando
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Costa Rica: Sentido homenaje a Don Rodolfo Méndez Mata
Ninguna persona ha sido honrada por lo que recibió. Los honores se extienden por lo que ha dado. Calvin Coolidge.

El 3 de enero de 1937 – hace casi 83 años – vino al mundo don Rodolfo Méndez Mata. Nacido en San José, cursó la primaria en la escuela Juan Rudin y la secundaria en el Colegio Seminario. Se graduó luego como Ingeniero Civil en la prestigiosa Universidad de Kansas, Estados Unidos. Hombre de familia, procreó cuatro hijos.
Don Rodolfo ha ejercido variados cargos públicos, incluyendo el de Diputado de la República (1994-1998), Ministro de la Presidencia (1990-1992) y es el único costarricense (a mi entender) que ha ejercido el cargo de Ministro de Obras Públicas y Transportes en tres ocasiones, como lo atestiguan sus años de servicio en el puesto entre 1978-1982, 1998-2000 y desde el 2018 hasta la fecha. Es precisamente este último periodo de servicio público el que me ha impulsado a escribir este artículo. Dicen que los honores deben extenderse en vida: sean entonces estas líneas mi humilde contribución al honor que don Rodolfo merece. Porque… ¿Quién, pasados sus 80 años y merecidamente jubilado, optaría voluntariamente por salir del retiro para ejercer de nuevo la complicadísima, casi tortuosa labor de regente del MOPT? Hay que estar loco – y don Rodolfo está más lúcido que todos nosotros – o bien tener una vocación profesional sobresaliente, amén de una voluntad y espíritu de servicio casi sobrehumanos.
Son precisamente esas cualidades, aunadas a su experiencia y calidad profesional, las que están convirtiendo su actual gestión en la más productiva que ha tenido el alicaído MOPT durante los últimos 40 años. Y no lo dice únicamente quien suscribe, lo reconocen voces tan variopintas como Olman Vargas, Director del Colegio de Ingenieros y Arquitectos; la Directora de la Cámara Nacional de Transportes, Silvia Bolaños; Rubén Vargas, Secretario General de la Unión de Taxistas y muchas otras.
La evidencia soporta estas positivas opiniones: nunca habíamos visto tanta obra en inminente o franca ejecución. Considérense la ampliación de la vía Limonal-Cañas, la ruta 32, Lindora, Circunvalación Norte, pasos a desnivel en esa misma ruta, pasos a desnivel en la ruta a Cartago, asfaltado en la ruta a Monteverde, los pasos a desnivel en la carretera a Cartago, la próxima ampliación de la ruta 1, las vías exclusivas para el transporte público, el puente del Saprissa, solo por mencionar algunas intervenciones.
De mi parte, quisiera simplemente extender un reconocimiento a don Rodolfo acompañado de un sentido agradecimiento. Su valentía, su voluntad y su capacidad están a punto de resolver una serie de “nudos viales” (espejos de nuestros nudos mentales como sociedad) que han tenido ahogado al país por décadas. Que Dios le conceda muchos años más, caballero, para que mire prosperar su obra, la cual debe ser reconocida por todos los costarricenses de esta y las próximas generaciones.
PD: Estoy terminado de escribir este artículo cuando miro en las noticias que pronto iniciarán además las obras para acabar con los problemas de tránsito asociados a los semáforos de los Hatillos. ¿Será posible que pronto podamos circular sin detenernos a lo largo de toda esta crucial carretera? Les propongo una idea: bauticemos al anillo de circunvalación como la Ruta Nacional Rodolfo Méndez Mata.
ARTÍCULO PUBLICADO EL 27 DE NOVIEMBRE EN EL DIARIO DIGITAL CR HOY
When projects fail (WHY?)
“Most people are so focused on technical details that they can’t see the bigger picture. Don’t bother “checking the numbers” instead “check your assumptions.“ – Eli Goldrattt

“Check your assumptions”. YES! The entire post hinges around this master advice – you will see. Thus, under its empowering light, let me continue with (another) quote, this one from the PMI Pulse of the Profession 2019 (2019) document. Let´s try to digest this with slow, analytical thinking: “Data from the new 2019 Pulse survey show organizations wasted almost 12 percent of their investment in project spend last year due to poor performance—a number that’s barely budged over the past five years.” Hmmm. Seems that despite all the efforts in the Project Management sphere, we are stuck. Why? Well, last year´s edition of this very publication (PMI Pulse of the Profession 2018 (2018)) states that:
“1) Organizations fail to bridge the gap between strategy design and delivery.
2) Executives don’t recognize that strategy is delivered through projects.
3) The essential importance of project management as the driver of an organization’s strategy isn’t fully realized.”
Let that slowly sink in and in the meantime, let me quote the survey within the same document (PMI Pulse of the Profession 2018 (2018)) which has this question: “Of the projects started in your organization in the past 12 months that were deemed failures, what were the primary causes of those failures? (Select up to 3)”. The top three answers were “Change in organization´s priorities (39%), Change in project objectives (37%), Inaccurate requirements gathering” (35%). Bonus track – the next one is “Inadequate vision or goal for the project” with 29%. Hmmm…
“So Fernando, lots of fancy quotes but… what´s your point, man?” ANSWER: my point is that the problem with projects is (mostly) not within/about projects themselves. The project is not the problem – the problem is the ORGANIZATION itself, being it a corporation, SME, NGO, government agency or any other. The problem is that there is an underlying assumption that organizations are ready to execute projects (or at least certain types of projects) for which they just lack the necessary skills and the required maturity level. And we got evidence – smoking guns, in my opinion. In my experience, the chronic demand (lack of) competent project sponsors is just the tip of the iceberg, but a huge one it is: hitting this sole tip has sunk thousands of “Titanics” (meaning, projects of course). But then 90% of the mass of ice is submerged. The very PMI states that there is an abyss between the organization strategy and leadership and its project´s ecosystem. Projects need to align to the organization, but I say that the organization needs to be ready (aligned) for projects as well. It is the organization the one that must raise to the challenge of a “projectized” reality. Organizations should function in such a way that projects are condemned to success. An utopia? Perhaps. But my experience and the provided evidence demonstrates that the current average org is more on the other end of the spectrum – chronic chaos – which is in turn absolutely unacceptable. This sad reality translates into projects that are sentenced to failure even before they are formally “born”: no real sponsor, no real budget, unclear scope, governance mess, chronic resource overallocation… you name it. Alas! That´s why we are seeing the current state of things, where seemingly no progress is possible (5 years in a row with no improvements as per 2019 Pulse of the Profession, remember?).
But let me finish on a brighter note. Organizations are human constructs and, so long we don´t break natural laws of the Universe, we can mold them. As of how to do this – how to craft project-compatible organizations (more flexible, change-driven, congruent both horizontally and vertically) – we will talk about it in a coming post. Let me give you just a teaser for curious minds (yet another quote – I just can´t help it):
“Quod obstat viae fit pro via.” – Marcus Aurelius.
PS: the “check your assumptions” advice applies not only to projects or business. As you can guess, this is wisdom that applies for life as a whole.

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Sembrando árboles bajo los cuales no nos sentaremos

Revoloteando entre artículos y opiniones, di esta semana con una de esas frase que impactan. Debo admitir que la versión inglesa me gusta aún mas, pero aún las catorce palabras en español resuenan hasta la eternidad… y más allá. La frase dice así:
“Una sociedad prospera cuando los viejos plantan árboles cuya sombra saben que nunca disfrutarán”
David E. Trueblood (ver nota al pie)
Escucho la frase en mi mente de nuevo al escribirla y vuelvo a sonreir. No puedo evitarlo. La sencilla poesía escondida en la metáfora, la elegante resolución de la afirmación y ante todo el sabio mensaje mueven tanto al corazón como al entendimiento. Frase digna de la mencionada sonrisa, el aplauso pendiente y quizá de una lágrima mal disimulada. Le invito a re-leerla: “Una sociedad prospera cuando los viejos plantan árboles cuya sombra saben que nunca disfrutarán”. ¿Lo captamos? Esta frase resume la más pura verdad de esta vida, como es la absoluta interrelación de todo lo que existe. Sabe al mejor de los vinos. Degusto notas similares a las expresadas por el Jefe Seattle (“Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo“). Lleva tintes de humanismo, aceptación y tolerancia. Tiene cuerpo de madura ilustración, con humos de progreso. Y deja finalmente un sabor a maderas en la boca, con ribetes de ecologismo, desprendimiento, entrega, gratitud y lealtad.
¡Salud, hermanos! Alzo mi copa entonces por los árboles sembrados, por las sombras que se proyectarán y ante todo, porque nuestros hijos – y los hijos de nuestros hijos – puedan siempre disfrutarlas.
Fernando
NOTA: Si usted busca el orgen de la frase en la internet, se le atribuye normalmente a “los griegos” en el sentido de la Grecia clásica (una afirmación que, por motivos sentimentales, no podría desear más que fuese verdad). Sin embargo, investigando un poco, encontré este análisis que prueba que el autor es el arriba citado, el cuáquero Mr. David E. Trueblood.
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Gladiadores, mensajeros y cabezas cortadas / Gladiators, messengers and chopped heads
ACERCA DEL COSTO DE ACEPTAR EL ATAQUE AD HOMINEM / ABOUT THE COST OF ACCEPTING THE AD HOMINEM ATTACK

VERSIÓN EN ESPAÑOL / ENGLISH VERSION BELOW
“Dentro de tres semanas yo estaré recogiendo mis cosechas. Imaginad donde querréis estar y se hará realidad. Manteneos firmes, no os separéis de mi. Si os veis cabalgando solos por verdes prados, el rostro bañado por el sol, que no os cause temor. Estaréis en el Elíseo y ya habréis muerto. ¡Hermanos! ¡Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad!” Así infunde ánimo el general romano Maximus a la tropa justo antes del combate por Germania en la apertura de la película “Gladiador” (Universal Pictures, 2000). En la escena siguiente, tras una corta y sangrienta batalla decidida por una poderosa carga de caballería (“¡Roma Victoria!”), mueren cientos, miles de bárbaros exterminados por las legiones romanas. Lo triste es que, justo antes de la batalla, Maximus había enviado un heraldo, un mensajero para tratar de negociar un acuerdo de paz con los germanos. Pero bueno, “al diablo este romano” dijeron aquellos y al pobre diablo le cortan la testa probablemente sin poder decir “esta boca (y esta cabeza) es mía”. No tuvo chance de presentar la propuesta de pax romana. Aquello fue muerte automática para el desafortunado mensajero. Quizá el ejemplo no sea el mejor pero ciertamente es muy gráfico: una cosa es el mensaje y otra el mensajero. Déjenme tratar de explicarme a continuación.
De lo que estamos hablando es de un tipo particular de engaño… y muchas veces de auto-engaño. Se trata probablemente de la forma más vulgar de jugar sucio, de “embarrealar la cancha”, diríase en dialecto futbolero. Sin embargo, con todo y lo primitivo de esta estafa, es la táctica de moda en este mundo actual, mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo (mundo “VUCA” por el acrónimo en inglés). Desde los diputados en mi país hasta Jefes de Estado en Brasilia ó Washington, todos son fanáticos del ataque al mensajero. Porque, si fueramos a creerle a los políticos & líderes actuales, ellos no se equivocan. Nunca. Eso jamás. Si llega una crítica aún con evidencia contundente en mano, la respuesta es casi automática: eso que dicen es más bien una ofensa, una trama, una venganza política y la prueba de ello es que es “Usted” quien lo dice. Sí, “Usted” que es un miserable. ¡Pues claro! No ve que esposa más fea la suya, por supuesto que me envidia y por eso dice que se quema el Amazonas y yo no hago nada. Usted es el malo, porque solo publica “Fake News”, porque yo equivocarme… ¡Jamás! ¿Cómo va a ser eso cierto? Hablemos mejor de Usted, porque Usted es una pésima actriz, eso es lo que es Usted. ¿Incongruente yo? Eso lo dice porque usted es un cómico sin gracia, un perdedor. Y Usted, Ud. es un periodista amargado. ¿No ve que Ud. es un loco socialista? ¿No ve que Ud. es un progresista pervertido? ¿No ve que Ud. es un conservador hipócrita? ¿No ve que Ud. es un afeminado… o que Usted es esto o lo otro? Caramba que está de moda. Hasta a mi me ha pasado: hay gente que ha tratado de desvirtuar una opinión argumentada de quien suscribe esta nota solo por mi profesión, por mi estilo al escribir o incluive por ser calvo. Se lo digo en serio, a esos (des)copetudos extremos llegamos.
Me pregunto si nota Ud. la trampa escondida en este tipo de respuesta. Creo que sí. Se trata de “ensuciar” el mensaje, de distraer a la audiencia sobre la evidencia presentada, de debilitar el argumento “cortándole la cabeza” al mensajero. Pero “no comamos cuentos”: por todos los cielos, no nos dejemos engañar. Nos va la vida en ello. Porque… ¿qué importa quién lo está diciendo si lo que se está diciendo es válido? Lo malo es malo aunque lo haga mi amigo (o mi candidato o partido político o referente o familiar o lo que sea). Y por supuesto que lo bueno es bueno aunque venga de mi enemigo (o rival, adversario, crítico o lo que fuere). Si se trata de críticas, enfoquémonos primero en el mensaje y el mensaje nada más. A ver: ¿Hay un argumento sólido, es razonable lo que se está diciendo? ¿Hay evidencia? ¿Hay algún ejemplo o precedente? Si es así, pues el nombre del mensajero pasa a un clarísimo segundo plano – engañarse a uno mismo al atacar al emisor implica un precio. Ese precio puede pagarse en héctareas de Amazonia quemada. Quizás se convierta en un escándalo por un “huracán rebelde”. O en una disminuida libertad de prensa. Ese auto-engaño puede costarnos mayor corrupción, o una afectación económica o la degradación misma del Estado de Derecho. Quizás el precio a pagar sea simplemente el convertirse en una marioneta de los mentirosos: un incauto, un idiota que sigue ciegamente a sus “líderes” sea lo que sea que estos hagan o digan.
En el caso de los bárbaros de Germania, pagaron con sus propias vidas. Mejor sigamos el ejemplo de Maximus Decimus Meridius, Comandante de las Ejércitos del Norte, General de las Legiones Fénix, fiel servidor del verdadero Emperador Marco Aurelio. Como diría el Gladiador (quien a su vez cita a Cicerón): “A veces hago lo que deseo hacer. El resto del tiempo hago lo que debo”. Palabras dignas de Marco Aurelio. Que sea entonces más el tiempo que dedicamos a lo segundo.
Hasta la próxima, “SPQR”.
Fernando

ENGLISH VERSION / VERSIÓN EN ESPAÑOL ARRIBA
“Hold the line! Stay with me! If you find yourself alone, riding in the green fields with the sun on your face, do not be troubled. For you are in Elysium, and you’re already dead! Brothers, what we do in life… echoes in eternity.” Those are the glorious words used by the Roman commander Maximus to motivate the troops just before the last fight for Germania in the opening scene for the movie “Gladiator” (Universal Pictures, 2000). Next scene, after a short and bloody battle decided by an overwhelming cavalry charge (“Roma Victoria!”), hundreds, thousands of barbarians die, exterminated by the Roman legions. The saddest thing is that just moments before the battle, a herald, a messenger was sent by the General pursuing a peace treaty. But oh well, “chop that bastard´s head” said the barbarians and the messenger couldn´t possibly say a word. Not even the chance to present the pax romana deal terms. Kill the messenger! Perhaps this is not the best example to introduce this article but it is certainly very graphical: one thing is the message and quite a different one is the messenger. Let me try to explain in the following lines.
We are talking about a very specific type of deceit… and many, many times of SELF-deceit. It is probably the most ancient & grotesque way of playing a trick on an adversary. Nonetheless, in spite of all the aforementioned, it is the in-vogue tactic within our volatile, uncertain, complex and ambiguous world (VUCA world). It is used from Washington to Brasilia, from Moscow to Istambul: nowadays many powerful leaders are fans of shooting the messenger. Why do I state this? Because, if we were to believe nowadays politicians and leads, they never make a mistake or tell a lie. Never. That is an impossibility. If critics come – even with solid evidence – the answer is automatic: that is a lie, a political scheme, a treat. And the proof of it is that is is “You” the one with this message. Yes… “You”, and “You” are a bastard. Can´t you see how ugly is your wife? Of course you are saying that the Amazonia is on fire and Im doing nothing: you are envious of my beautiful lady. You… you are the bad guy. You are the one who publishes “Fake News”, since it is impossible for me to have an error. Not in a hundred years! Lets better talk about you because you are a terrible actor. And BTW, you have the worst ratings. Incongruity from my end? You say that because You are a failed comedian, a looser. You, you are a bitter journalist. And You, you are a crazy socialist. You, you are a pervert progressive. And You, oh well, you are a hypocritical conservative. And the other one, well that is an unmanly fool. Alas! This thing is indeed on trend. Even I have been attacked. There has been occasions when people try to erode an opinion by this author because of my profession, my nationality, my literary style or even because of being bald. Im serious: to these (un)hairy extremes we have arrived…
I wonder if you can see the trick hidden within this type of an answer. I believe you do. Behold. It is all about “messing up” the message. It is about distracting the audience about the evidence. It´s a vain attempt to weaken the argument by damaging the messenger. But let´s not allow anyone fool us. Our future and the future of our children is in stake here. I ask: is it really important to debate on the “who says so” if the message itself is valid? What is bad is bad regardless it comes from my friend (or peer, or kin, or candidate, or political party). And of course, what is good is good regardless it comes from my enemy (or adversary, or critic or whomever). Thus, if it is a critic, lets focus first on the message and the message only. For example, let´s ask: is there a solid argument here? Is it reasonable? Is there evidence? Any examples provided or a historical trend? Being that the case, then the name of the messenger should be put in a clear second stage. The price of fooling ourselves and attacking the messenger is costly. The price could be paid in square miles of burned Amazon jungle. Perhaps it translates into a “rebel hurricane”. Or in a diminished press liberty index. This deceit can cost our society a higher corruption or even the degradation of the State of Law concept. Perhaps the price to pay is just the fact of becoming a puppet for the masters of lies: fools that meekly follows his/her “leaders”, regardless any actions or statements from them.
In the case of the barbarians who populated Germania, the cost was paid with their own lives. Thus, lets always separate the concepts of message and messenger. Lets better follow the example of Maximus Decimus Meridius, commander of the Armies of the North, General of the Felix Legions and loyal servant to the true emperor, Marcus Aurelius. As the Gladiator would say (quoting Cicero, BTW) “Sometimes I do what I want to. The rest of the time – I do what I have to“. Words worthy of Marcus Aurelius himself. Let´s devote more time to what we have to do.
See you soon, “SPQR”.
Fernando

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Simplezas para simplones

Un buen mentiroso sabe que la mentira más efectiva es siempre una verdad a la que se le ha sustraído una pieza clave. – Carlos Ruiz Zafón
“Miente y miente que algo queda” decía un supervillano de la vida real, Herr Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda de la Alemania nazi. En este artículo construimos sobre sus oscuras ideas para alertar sobre su terrible vigencia. Tal vez deberíamos actualizar un “poquitín” la frase para nuestro siglo XXI. La versión 2019 sería algo así como “Más y más simple porque solo así escuchan” o tal vez “Sencillo porque es para simplones”. Quizás “Meme y meme que algo queda”. Algo por el estilo. El punto es que nunca como en nuestro tiempo se ha enmascarado tanto la mentira disfrazándola a través de la sobre-simplificación y su pariente cercana, la generalización. Los villanos actuales llevan estos “camuflajes” a niveles francamente absurdos más la ironía es que la efectividad del engaño es proporcional a lo grosero del “argumento”. Veamos esto en detalle a continuación.
MIÉNTEME… COMO SIEMPRE
Hemos insistido con anterioridad en el peligro de las generalizaciones. No hay nada que sepulte más rápidamente una conversación que la estigmatización del otro a través de una “etiqueta”. Nos referimos al uso de términos “descalificatorios” utilizados para denigrar al interlocutor. Por ejemplo, el mal uso del término republicano, demócrata, progresista, conservador, comunista, liberal, ateo, etc. La conversación muere en las primeras de cambio porque la retroalimentación se convierte en un ataque ad hominem disfrazado de clasificación objetiva. Por ejemplo, si una persona “X” intenta explicar la importancia del control de la natalidad y su interlocutor “Y” lo interrumpe para declararlo un “progresista pervertido” pues adiós al diálogo. En este ejemplo, una barrera ideológica infranqueable impulsa a la segunda persona desde una posición defensiva a un ataque directo en cuestión de instantes: imposible el intercambio de ideas.
Una mentira no tendría ningún sentido a menos que sintiéramos la verdad como algo peligroso. – Alfred Adler
Hablando de etiquetas y generalizaciones, ya son de antología los lamentables ejemplos a cargo del actual Jefe de Estado estadounidense. Llamar a los inmigrantes mexicanos “violadores, gánsteres y delincuentes“, los comentarios machistas y chauvinistas, la calificación de naciones enteras como “pozos de porquería“, el matonismo. el cinismo y el uso de apodos ofensivos para con sus rivales políticos y cualquiera otro que le critique son parte de las “lindezas” en el menú. Lo curioso es que políticamente hablando estas atrocidades son las que le son más rentables. ¿Por qué? Bueno, hay múltiples razones pero creo que una causa fundamental es que el mensaje está perfectamente ajustado al gusto de la audiencia destinataria del mismo. Decir que los problemas de la economía norteamericana se reducen a que “los inmigrantes se están llevando nuestros trabajos” es, por decir lo menos, una generalización malintencionada más el mensaje es deliciosamente simple. Es como una barra de chocolate: no ayuda con tu desnutrición y tu salud pero esa bomba de sal con azúcar y químicos genera una satisfacción pueril e instantánea. Pura cortisona: demasido fácil, demasiado sencillo, demasiado tentador. No hay que interpretar nada, lo entiende cualquiera, no exige esfuerzo, análisis ni información. Un aullido de lobo invocando al animal que todos llevamos dentro. Si fuera boxeo, el anunciador cantaría: “En esta esquina, con 250 libras y blandiendo su amenazante cuenta de Twitter, la mismísima encarnación de la mercadotecnia vendiendo absurdos a través de argumentos mentirosos pero pegadizos como éxitos “pop”. En esta otra esquina, con 3.3 libras, sesgos mentales y una tendencia evolutiva ancestral a evitar reconsiderar sus juicios aún ante evidencia plena y contundente… el cerebro humano“. Resultado de la pelea: knockout técnico en el primer asalto. Bajo esta luz, el “matrimonio” que hacen muchas personas entre la religión y la política no es solo comprensible sino esperable. Es demasiado sencillo, demasiado fácil y tentador el poner ambas cosas bajo el mismo “manto sagrado” vendido por pastores metidos a político (o políticos metidos a pastor, para el caso es lo mismo). La persona resuelve dos problemas en uno y sale con la conciencia tranquila porque el candidato viene “en nombre de Dios”. Sí, una especie de “congruencia divina a la carta” (aunque el menu lo entregue el propio candidato, aquello de Juez y Parte parece no importar en estos casos).
LA PARTE POR EL TODO
La escogencia de candidatos por su postura ante un elemento puntual pero sensible al individuo es otro ejemplo de “generalización mentirosa”, como el escoger al candidato por su postura ante, p.ej. el aborto (o al menos por sus declaraciones oficiales sobre el mismo). El ciudadano cae bajo el hechizo del “efecto halo” y pondera al político únicamente por sus proclamas sobre ese tema puntual – todo un “proxy” en lenguaje técnico. Todo lo demás desaparece ante sus ojos como por encanto. Tenemos entonces a personas que escogen al candidato idóneo para la Presidencia por sus declaraciones – lo que él ó ella dice – sobre, digamos, el matrimonio igualitario… ¡y nada más! La formación profesional del candidato, su experiencia, su equipo de trabajo, su plan de gobierno, su carácter, sus declaraciones sobre otros temas, su comportamiento personal, su propuesta económica, el historial del partido político que lo acompaña, sus finanzas… todo lo demás se hace irrelevante. Otra mentira disfrazada de generalización.
MEJOR “A LO MARVEL”
En esta sociedad actual donde las éxitos de taquilla son las películas de superhéroes, el ciudadano promedio parece no estar dispuesto a aceptar que puede haber más de un motivo, que hay grados, matices, fases y etapas, relaciones complejas, victorias que saben a derrota, derrotas que construyen victorias, procesos, acuerdos bajo la mesa, engaños y segundas intenciones. Es más fácil identificar el villano cuando lleva cuernos y asociar al héroe con aquel que lleva capa y trae los calzoncillos por fuera. Son aún menos los que están dispuestos a escuchar y aceptar que quizás no todo sea culpa del gobierno o del Presidente de turno o inclusive del Estado. Porque la autocrítica es dura. “Quizás no debí abandonar los estudios o faltar al trabajo aquel. Quizás debí esforzarme más. Quizás no debí ensuciar mi hoja criminal. Quizás debería aprender otro idioma. Quizás mi país no está aislado del mundo: ¿pasará algo allá afuera que esté afectándonos por acá? Quizás, quizás, quizás…”
Siempre es más fácil cuando alguien más nos trata como a niños y echa las culpas a un tercero etiquetándolo como “el malo”. Si no estamos dispuestos a leer, al análisis y a pensar seremos entonces un festín de simplones para regocijo del lado oscuro del mercadeo, de las “fake news”, de los memes, de las verdades a medias y las mentiras completas. Sí, carne de cañón para oscuras esferas que devoran cerebros tiernos y casi sin estrenar mientras masticamos unas “encantadoras” papitas fritas… ¿alguien con ketchup, por favor?
Fernando

Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga. – Denis Diderot
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“Whatsappito, Whatsappito, que habitas en mi cel, dime con qué alimento mi odio, desde que revisé ayer”

Aparentemente habrá que añadir un nuevo grupo de Libros Sagrados a la Biblia: las “Epístolas Zuckerbérgicas”, pues si algo nos llega por Facebook, Instagram o Whatsapp entonces automáticamente es Sagrada Verdad. Veo una sonrisa disimulada: como chiste, hasta alguna gracia tendrá, pero en el fondo es un asunto muy serio. Nos estamos convirtiendo en incautos digitales capaces de admitir cualquier estupidez con tal de que llegue a nosotros a través de un conocido, por medio de Whatsapp.
El ejemplo más reciente es doloroso. Es difícil de creer y de aceptar pero el Ministro de Educación fue removido del puesto a punta de mentiras. Sí, de mentiras. Porque es mentira que exista alguna actividad en el calendario del MEP para celebrar el orgullo gay y es una flagrante mentira que los drones para los colegios técnicos agropecuarios sean sistemas de espionaje ”a lo 007”. Es mentira que los baños neutros sean antros de libertinaje (de hecho, todos tenemos un baño neutro en la casa… a menos que el arquitecto le instalara dos inodoros juntos). Lo curioso del caso es que cualquiera de estas cosas puede ser comprobada rápidamente buscando en internet. Sin embargo, un venenoso coctel de pereza, credulidad y comportamiento de manada nos hace incapaces de detenernos un momento y hacernos preguntas obvias, preguntas naturales, preguntas lógicas y evidentes. Por ejemplo: ¿Cómo sabe esto la persona que me lo envía – cuál es su fuente? ¿Qué dicen los diarios, los telenoticieros, los programas de opinión en la radio al respecto? ¿Algun analista o periodista reconocido ha denunciado este asunto? ¿Algún Diputado, la Contraloría, la Fiscalía? ¿Qué dice la página del Ministerio o de la entidad a la cual ataca el mensaje? ¿Podrá tener algún interés en particular la persona que comparte “esto” para atacar así? De repente el mensaje pasa la prueba y resulta ser verdad, pero aceptarlo así como así es muy peligroso. No hace mucho Edgar M. Welch condujo seis horas desde su casa para luego entrar y disparar en la pizzeria “Comet Ping Pong” en Washington DC. ¿Por qué? Bueno, el caballero en cuestión había leído “noticias” en Facebook y Twitter donde se aseguraba que en ese lugar operaba una organización mafiosa que explotaba sexualmente a niños y era dirigida por… Hillary Clinton. Dichosamente, la policía actuó rápidamente y nadie salió herido, capturando al crédulo de Mr. Welch con su rifle de asalto AR-15.
La lección es evidente, pero vamos a dejarla por escrito: si el mensaje llega por redes sociales, no hay que creerlo sin antes investigar. Esto es especialmente válido cuando el mensaje “suena bien”, o sea, cuando refuerza lo que yo ya creo saber. Es muy probable que simplemente me estén manipulando. Me están “endulzando” el oído, diciendome precisamente lo que quiero escuchar: el Gobierno hizo tal cosa, el Ministro es un tal por cual, los “Progresistas” están cambiando aquello, los “Conservadores” hicieron tal y tal barbaridad. Dice el refrán que uno no ve el mundo como es, sino como quiere verlo. Nunca ha sido esto más cierto que ahora, porque su Whatsapp y su Facebook, amigo lector, son un espejo de quien Usted es. Están diseñados para eso, para que Usted los revise todos los días, a cada instante, mostrándole solo lo que Usted quiere ver. Son una “chupeta digital”, son su burbuja privada, su mundo, su perspectiva, su visión, un sistema que refuerza incesantemente sus creencias y posturas. Más aún, esos mensajes le son compartidos probablemente por gente que piensa igual que Usted… lo que nos hace olvidar que hay miles de millones de otras personas en este mundo, muy diferentes a Usted y yo. Ahora bien: ¿Qué clase de reflejo devuelve ese espejo? ¿Hay odio, burla, rencor? ¿Tolerancia, positivismo, esperanza? Cuidado porque Usted es precisamente “eso”. Los analistas indican que luego de 70 likes, Facebook lo conoce a Usted mejor que su propia madre. Grave reflexión será.
Finalicemos con un cuento: “Con ojos desorbitados, la malvada bruja preguntó: “Whatsappito, Whatsappito, que habitas en mi cel, dime con qué alimento mi odio, desde que revisé ayer”. Y el espejo respondió: “Sí mi amo, a sus ordenes responderé, mire cuanta basura y rencor recolecté para Usted”.

Cuidemos ese reflejo, amigos. Cuidemoslo.
Fernando
Fuentes:
- https://www.nytimes.com/2016/12/05/business/media/comet-ping-pong-pizza-shooting-fake-news-consequences.html
- https://www.independent.co.uk/life-style/gadgets-and-tech/news/facebook-knows-you-better-than-your-friends-do-because-likes-reveal-so-much-about-your-character-9973398.html
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La política como culto… ¿satánico?
“La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés” – Antonio Machado.
“Si Jesucristo se baja de la cruz y me dice que Trump está con Rusia, le diría, espera un segundo, necesito consultar con el Presidente si es verdad. Así es como me siento de confiado con el Presidente.” Esa lapidaria frase – expresada por un devoto seguidor de Donald J. Trump, véase video más abajo – resume a cabalidad el meollo de este artículo. Porque estamos hablando de un tema reincidente en esta columna porque es un tema mayúsculo, uno de los que pueden definir el futuro de nuestra especia humana. Estamos hablando de la capacidad de dudar, de pensar. Veamos.

“La duda es uno de los nombres de la inteligencia.” – Jorge Luis Borges (1899-1986) Escritor argentino.
Aprovechemos el ejemplo: cuando el ciudadano arriba citado dice que para creer que el político de su elección hizo algo malo pues entonces necesitaría oírlo de boca del propio político, entonces se ha tocado fondo (para rematar, aunque admitiera el Presidente la falta, seguramente lo perdonaría ad portas). Esa persona ya no distingue su persona de la de Mr. Trump. En su cabeza, son uno y el mismo: el mensaje ha calado: “lobotomía a la Fox”. Más aún, la mera idea de analizar al POTUS, de cuestionarlo, de escuchar una crítica le aterra como si se asomara ante un abismo. Eso sería más que traición, sería vacío existencial, desolación, hecatombe. Lo dejaría una vez más solo, sin norte en esta vida: ya no sería más parte del “club”, no lo confortarían las palabras que le dicen que las cosas nunca estuvieron mejor que ahora, que ahora sí es rico, que tenemos yates, que ahora todo está bien… Es un adicto a la sacrosanta e incuestionable palabra del caballero en cuestión.
“Para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas.” – René Descartes (1596-1650) Filósofo y matemático francés.
Este es precisamente el escenario de la angustiante novela “1984” por George Orwell: una distopía tiránica en la cual la “verdad” es lo que dice el gobierno y nada más (aunque se contradiga una y otra y otra y otra vez). Cuando como personas perdemos, o por mejor decir , cuando entregamos nuestra soberana capacidad de pensar, de criticar, de evaluar y rebatir a nuestros líderes (sean estos políticos, religiosos, laborales o dirigentes de cualquier área), pues apague y vámonos. Nos convertimos en borregos, en ovejas, en idiotas que mueven la cabeza en un eterno sí cual esos muñequitos que se pegan al “dash” del auto. Y ya sabemos lo que le ocurre a los corderos. Venderle el alma a un político, a un partido, a un religioso o a quien fuere es terriblemente peligroso. Pregúntele a la generación alemana que vivió los estragos de la II Guerra Mundial. A los japoneses de ese mismo período. A los chinos con Mao. A los rusos con Stalin y el gulag. A los norcoreanos. Pregúntele a la Europa medieval asolada por la Santa Inquisición. A los nicaraguenses ahora que quieren derrocar a Ortega; o a los venezolanos. Nadie debe estar exento del escrutinio y el cuestionamiento. No porque sean culpables hasta demostrar lo contrario, sino porque si existe duda basada en una sospecha razonable – con un sustrato legal y evidencia válida – pues entonces hay que investigar y que vengan las consecuencias del caso, sean las que fueren. Lo contrario es emitir una visa de facto para que el político, el religioso, el líder en general haga lo que le venga en gana. Ya la historia nos ha enseñado lo que ocurre cuando sellamos ese pasaporte: es el acantilado cuando la política se convierte en culto, en religión. Y los cultos no se cuestionan: se convierten en asunto de “fe”, de fieles y de apóstatas, de creyentes contra blasfemos. Pero la verdad es que el poder corrompe. Solo el escrutinio público – empezando por una prensa libre y valiente – mantiene a raya la corrupción.
Sugiero que para esta época nuestra, los hechos hay que juzgarlos primeramente con un nivel de análisis puntual y con total independencia de los actores. El hecho como tal y nada más: lo bueno es bueno así venga de mi enemigo y lo malo es malo así venga de mi amigo. Sí, así no más: ver fuentes, evidencias, posturas, declaraciones. Los hechos y ya. A partir de ahí, podemos tirar líneas y evaluar el comportamiento promedio de tal o cual personaje. Posiblemente luego podemos inferir tendencias e inclinaciones que nos lleven a un apego ideológico de nuestra parte, pero antes tenemos que pensar y llamar a las cosas por su nombre. No hace falta que se baje nadie de ninguna cruz si antes, por nuestros medios y como es nuestra responsabilidad ciudadana, detuvimos como pueblos a los tiranos: ¡a dudar se ha dicho!
Saludos amigos,
Fer
“Si comienza uno con certezas, terminará con dudas; mas si se acepta empezar con dudas, llegará a terminar con certezas.” – Sir Francis Bacon, (1561-1626) Filósofo y estadista británico.
Créditos:
¿Por qué se enoja?
Entre un estímulo y nuestra reacción existe un espacio. Es en este espacio que tenemos el poder de elegir nuestra reacción. En este espacio se encuentra nuestra libertad y nuestro éxito. — Viktor Frankl
Recuerdo cuando papá me espetaba el refrán que dice “¡el que se enoja pierde!”, cada vez que me asaltaba un ataque de ira de esos turbocargados por hormonas adolescentes. La frase funcionaba con frecuencia, arrástrandome por la fuerza desde los dominios de la amígdala hacia el imperio de la razón. Recuerdo también cuando me explicaba – en medio de la emoción de una pelea televisada de boxeo – como los mejores luchadores pelean con la cabeza antes que con los puños. En medio del ardor de los golpes, normalmente lleva las de ganar el más inteligente y estratégico, comentaba mi viejo.

Ahora bien, temo que los consejos de mi padre deben ser adaptados a estos tiempos modernos donde reinan las redes sociales. Desde el punto de vista personal, por supuesto que sigue teniendo razón. Sin embargo, desde la perspectiva social existen personajes que más bien viven del enojo ajeno. En vez de pregonar “el que se enoja pierde”, estos personajes aplican la fórmula “si no los enojo, pierdo”. Deliberadamente siembran división, rencor e ira. Exaltan el discurso de “nosotros, los buenos” vs “ellos, los malos”. Si nos vamos a la raíz del asunto, coincido a cabalidad con Ryan Holiday en que la causa de todo este lío es nuestro EGO. Una trampa psicológica nos hace confundir nuestras creencias y opiniones con nuestras personas. Olvidamos que no somos lo que creemos: un bebé de seis meses no cree en nada y es tan persona como usted o como yo. Aún más, si algo debería caracterizarnos serían más bien nuestras acciones. Lo que sucede es que las emociones provocan un “corto circuito” entre el estímulo y nuestra reacción al mismo. En otras palabras, la emotividad descontrolada nos roba la “última libertad humana” que nos ilustró Viktor Frankl: aquella libertad de elegir como nos afectarán los eventos y las circunstancias de la vida. Me permito añadir que nos roban también la capacidad de análisis. Ese secuestro de la razón es precisamente lo que vemos en los comentarios a las noticias en las redes sociales y versiones digitales de los diarios. Me atrevo a afirmar que el 80% de las “opiniones” ahí vertidas son más bien pura bilis, el 15% son trabajo de “troles” profesionales y únicamente el 5% son opiniones con alguna base sensata.
Regresando al tema central que hoy nos ocupa, concluimos que estamos hoy ante un mundo en el cual no solo somos presa de los defectos inherentes de nuestra naturaleza humana, sino que estos defectos son activamente excitados y explotados por los medios, los políticos, los religiosos y otras entidades adictas al poder. La forma en que se escribe un titular de una noticia, los ataques ad-hominem de un político contra el adversario, el sermón de un obispo atacando a alguien por sus creencias y un largo etcétera de malos ejemplos nos tienen rodeados, enfermos y cansados. Se hace imperativo entonces aprender a no reaccionar. En serio, digamos en voz alta: ¿por qué me enojo? ¿Soy yo acaso definido por mi candidato / partido político o mi religión? ¿Respondo yo por sus actos y defectos? ¿Será que me están utilizando vilmente para generar tráfico, “likes”, comentarios, votos? Debemos respirar hondo y seriamente cuestionarnos si ese “comentario” que estoy a punto de escribir aporta algo más que odio puro: ¿contribuiré acaso más con mi silencio? (no siempre hay que opinar, ¿o sí?). Necesitamos re-aprender a pensar, a ser capaces de tratar el tema independientemente del mensajero. Vamos: ¿qué importa quien es el autor de una publicación en tanto el punto sea válido? Necesitamos calmarnos, urge activar esa pausa entre el estímulo y la reacción que nos regaló Frankl. No nos enojemos gratuitamente, pues hoy por hoy no solo perdemos nosotros sino que nuestro enojo es el combustible de la victoria de los que nos manipulan. Esta manipulación no es algo nuevo, por supuesto, pero la tecnología moderna (redes sociales, teléfonos móviles, internet) la ha puesto en manos de cualquiera con un poco de conocimiento y mucho de malas intenciones.
Creo que ya fue suficiente por hoy, cerremos. Cantaba Yoko Ono, “All we are saying… is give peace a chance!” Con el permiso de Lennon, yo lo cambiaría un tantito… ¿qué tal “All we are saying… is give peace and thought a chance”?

